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Autor Tema: Lee la historia de la salida de Julie de los testigos de Jehová  (Leído 952 veces)

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Lunes 26 de Oct, 2009, 12:33:23 pm
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TESTIMONIO DE JULIE

La iglesia no era otra cosa sino una reunión social para mí mientras crecía en un escenario religioso de denominación protestante. Ya estaba sobre los veinte años de edad cuando ni siquiera sabía cómo buscar una referencia de las Escrituras por capítulo y versículo. A pesar de afirmar ser “espiritual” como mi religión, dudaba en llamarme “cristiana,” porque pensaba que necesitaba más conocimiento de sus creencias. Entonces, cuando entré a mis treinta, como una joven madre de dos niñas, comencé a leer seriamente la Biblia por mi cuenta. Teniendo un muy pequeño trasfondo religioso, sólo sabía acerca de un tipo llamado Jesús, y sabía que quería estar a su lado cuando llegara el fin.

Una noche leí en la Biblia que Satanás es un ángel de luz (2 Corintios 11:14). Se me ocurrió que sabía tan poco acerca de Dios y de Satanás que fácilmente podía ser engañada por este ángel. “¿Estaba él respaldando alguna religión presentándola como una religión piadosa?, me preguntaba. El bendito estado de ser pobre en espíritu me estaba llevando a tener hambre por el Reino de los Cielos. Por eso, le pedí a Dios que me mostrara la verdad y que me aclarara quién era Jesús realmente y cómo podía yo discernir al “ángel de luz” para no ser engañada por él. También coloqué mi vida en sus manos orando, “Dios, ponme en carrera hacia ti.”

Al día siguiente, una amiga me invitó a un “grupo de madres” en su iglesia Luterana. Guardería gratis, donuts y charlas entre adultos sonaba muy bien, así que acepté. Cuando la conversación llegó al tema de los testigos de Jehová, yo sostuve una perspectiva positiva acerca de ellos porque había escuchado su nombre en una oportunidad y pensaba que la idea de que Dios tuviera Testigos sobre la tierra sonaba maravilloso. Así, comencé a defender a los testigos de Jehová sin saber lo que ellos enseñaban. Les dije a estas mujeres que si ellas fueran realmente cristianas, como profesaban serlo, tenían la obligación de invitar a sus casas a estas “almas perdidas” que llamaban a la puerta, para compartirles el evangelio. En ese momento, yo no tenía idea de cómo hacerlo por mí misma, pero coloqué esta obligación sobre ellas y no creo que yo les haya agradado por hacer esto.  

Cuando llegué a casa y descubrí una revista ¡Despertad! de los testigos de Jehová en mi puerta, después de leer el artículo que hablaba acerca de cómo identificar a la verdadera religión, me volví adicta. Me quedé entonces ESPERANDO su visita, pero no llegó, ¡así que fui a ellos! Entré al salón del Reino un domingo con mis hijos, un inquieto e hiperactivo niño de 3 años y un infante. Pedí un estudio bíblico mientras trataba con mis hijos en el baño la mayor parte del servicio. El martes siguiente, comencé a estudiar la publicación de la Watchtower “Conocimiento que Lleva a la Vida Eterna.” Siempre antes de reunirnos, yo oraba:

“Dios, si esta es una secta diseñada para apartarme de ti, por favor, ¡hazlo evidente!”  

Estaba determinada a recorrer el libro entero para que al tiempo de terminarlo pudiera decir, “Esta religión es la verdad,” o nunca más tendré que rechazar a un testigo de Jehová en mi puerta sin entender por qué. Dentro de los cinco meses siguientes, pedí ser bautizada en la siguiente convención en el otoño de 1996. Realmente creía que había encontrado la verdad. Pensé que Dios había revelado que la cristiandad era el “ángel de luz” y que la verdadera religión era la organización de Jehová.

CÓMO ME CONVENCIERON LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ DE SUS INSÓLITAS DOCTRINAS

La falta de familiaridad con los libros de la Biblia, los tiempos y la audiencia para quienes fueron escritos, permitió que yo aceptara promesas que habían sido hechas para el Israel natural como si fuesen promesas que estaban esperando la restauración de la celosa prédica de los testigos de Jehová. Fui atraída particularmente por Isaías 65:21-23 con sus promesas de vivienda segura y trabajo satisfactorio en el paraíso terrenal. Yo estaba hambrienta por el paraíso. Estaba hambrienta por Dios. Todo lo que necesitaba aprender era cómo ser lo suficientemente justa para merecerlo.

Inicialmente, tuve problemas para entender el sistema de dos clases (clase terrenal y clase celestial) enseñado por los testigos de Jehová. Aún cuando yo buscaba una vida eterna en el Paraíso en la tierra y no tenía deseos de estar en el cielo con el grupo de 144.000, no entendía dónde la Biblia hablaba de esta división entre las dos clases de personas y cómo habían sido divididas. Para ayudarme, mi guía de estudio de los testigos de Jehová invitó a la esposa del Supervisor de Circuito que estaba de visita, para discutir conmigo acerca de esto.  

Al leer Lucas 22 donde Jesús comió la última cena con sus apóstoles, yo señalé que todo aquel que creyera en Jesús era apto para participar de la cena del Señor, y pregunté por qué nadie en nuestro Salón del Reino comía el pan o bebía el vino en la conmemoración anual. Ella subrayó Lucas 22:28-29 y me preguntó repetidamente “¿Quiénes estaban reunidos allí?” para inculcarme que los 12 apóstoles eran el fundamento de la ungida clase celestial que eventualmente llegaría al número de 144.000. (Poco me daba cuenta cómo ella estaba programando mi mente y quitando mi enfoque del hecho de que estos 12 apóstoles formaron el fundamento de TODO el pueblo de Dios, no sólo de la clase celestial de 144.000). Me llevó a ver todas las Escrituras que se referían a los 12 apóstoles como si se refirieran ÚNICAMENTE a la clase celestial que iría al cielo y gobernaría con Jesús, mientras que el resto de nosotros viviría en la tierra y disfrutaría de los beneficios de estar asociados con esta clase celestial. Esto comenzó a implantarse en mi mente. Había asimilado tanto la supuesta “verdad” de los testigos de Jehová que debía aceptar esta creencia en fe, confiando que el entendimiento vendría eventualmente. Y lo hizo mientras mi mente estaba siendo entrenada para leer la Biblia con este sistema bipartito. Invité a mi mente, de manera efectiva, a este falso profeta.

LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS

Fui bautizada el 12 de octubre de 1996 y me encantaba ser una de los testigos de Jehová. Estaba tan orgullosa de ser una de aquel pueblo de Dios sobre la tierra para hablar a otros acerca de Él. Al mismo tiempo, me percataba que muchos de mis hermanos y hermanas en el Salón del Reino no eran felices. Cuando me remití a las Escrituras que hablan acerca de apoyar al débil y hablar con las almas deprimidas, se me acercó el Supervisor Presidente y me dijo que no me involucrara con una hermana débil en particular. Yo le aseguré que ella aún amaba a Jehová y que sólo estaba atravesando un tiempo difícil, y que se esperaba de nosotros que “llevemos los unos las cargas de los otros.” Él me respondió diciendo, “pero cada uno debe llevar su propia carga, tienes que velar por ti misma.” Esto me sonaba más como la manera mundana de tratar con los problemas y no la manera de Cristo. Cuando le cité a Jesús, me dijo que yo ya me estaba apartando de “la verdad” porque hablaba más acerca de Jesús que de Jehová. Yo estaba muy confundida por esto. Quería respetar a los ancianos, porque pensaba que así era como Dios obraba, pero mi conciencia me decía que este hermano estaba equivocado.

Yo aún quería ser una de los testigos de Dios, pero había aprendido a desconfiar del liderazgo y a escuchar las advertencias de Jesús acerca de la “levadura” y de los “lobos” entre las “ovejas.” Continué como una fiel testigo de Jehová por otros cuatro años guardando mi desconfianza a este anciano en particular. Oré para encontrar una manera de perdonarle. Cada vez que él enseñaba algo que era contrario a la Biblia, trataba de enfocarme en sus buenas obras en la congregación, pero estuve escuchando comentarios de otros a los que tampoco les agradaba este hermano. Finalmente, admití que tenía un problema para perdonar a este hermano. Hablé con otro anciano acerca de mi incapacidad de confiar en este anciano a quien yo comenzaba a ver como un lobo entre las ovejas. Se rió de mi comentario absurdo y dijo, “Aquellos versículos se refieren sólo al primer siglo.” “¿Qué?” Me pregunté a mí misma. Él continuó explicando que por cuanto la organización ya estaba completamente formada, no había lobos en la congregación. “¿Quiere usted decir que los ancianos son infalibles?” Pregunté. Por supuesto que él se negó a decir eso, pero su insistencia acerca de una inocencia en los ancianos semejante a la de Cristo, probaba que él lo creía.  

En ese momento, comencé a creer las nuevas historias que había oído acerca de pedófilos en la Watchtower.  Había sido muy entrenada para bloquear en mi mente estas afirmaciones “apóstatas” y excusarlas. Pero de pronto, ¡se hicieron reales! Ya no confiaba más en la Sociedad Watchtower. Aún cuando creía que ellos todavía enseñaban algo de la verdad, sabía que no enseñaban la verdad completa. Temía por mis hijas porque comprendía la unidad que los ancianos se sentían obligados a mantener. Nunca me sentí sexualmente amenazada en mi congregación, pero podía ver cómo si cualquiera tocaba a mis hijas y yo confrontaba a los ancianos, esto sería echado al olvido y me hubieran visto a mí como la que estaba equivocada (como en los casos que estaba escuchando en las noticias). Sin importar nada, ellos eran entrenados para guardar la unidad y percibir la “pureza” de la organización al costo de la víctima individual. También me percaté que si en alguna oportunidad hubiera necesitado asistencia por parte de estas personas, me hubieran catalogado como “débil” y no me hubieran mostrado compasión. Después de esta experiencia, nada sonaba correcto en sus sermones acerca del amor. Todo era una charla vacía.

EXPULSADA POR NO CREER EN LA ORGANIZACIÓN

Después de siete años de fiel servicio de campo como publicadora, comencé a salirme de la organización y dejé de asistir a las reuniones en el otoño del 2003. Un año después, me llamaron para invitarme a escuchar su discurso de “excomunión.” Les pregunté qué había hecho de malo. Un anciano dijo que yo ya no quería ser testigo de Jehová basado en una carta que yo había escrito a una hermana inactiva, la cual les fue entregada por su compañera de cuarto que no era testigo de Jehová. En esta, yo había alabado a Jehová pero no a la Sociedad Watchtower. Por esto, dijeron que yo ya no quería ser testigo de Jehová. Ante tales alegatos, sostuve mi fe en Jehová, Jesucristo, y la Biblia, pero me negué a poner mi fe en la Sociedad Watchtower. Finalmente, me preguntaron si creía que alguien que no perteneciera a la Sociedad Watchtower podía tener una relación con Dios. Cuando respondí, “¡Sí!”, únicamente con esta base, fui etiquetada como una “apóstata.”

¿Por qué creen que les urgía tanto a ellos el excomulgarme? Yo no estaba haciendo nada “apóstata” para ese tiempo. Sólo estaba faltando a las reuniones y al servicio. Los hermanos sabían que amaba leer mi Biblia, no sólo porque me fuera asignado. Sabían que yo era también un “ratón de biblioteca” que hacía mis propias investigaciones en todo lo que estudiábamos, incluso guardando carpetas individuales de cada mes del origen de los feriados que había estudiado por mi cuenta. La hermana con la que había estudiado bajo su guía incluso admitió que ella era “sólo una acompañante” de mis investigaciones en nuestras sesiones juntas. Entonces, ¿por qué suponen ustedes que una persona como yo pudiera ser vista posteriormente como una amenaza para los hermanos? Creo que ellos entendieron algo acerca de mí, mejor que yo misma lo entendía en ese tiempo. Pensaron que excomulgándome podían silenciar mi fe, pero no fue sino hasta que expulsaron de la sinagoga al ciego sanado por Jesús, que él entendió quién era su Señor (Juan 9:35-38). Lo mismo fue cierto en mi vida.

Consideren esto, ¿por qué era Jesús odiado por los líderes religiosos de sus días? Él era un judío, miembro de su aceptada religión. Como dice en Lucas 4:16, Él entraba a la sinagoga a adorar los sábados como acostumbraba. Incluso hablaban bien de Jesús después de darle el privilegio de leer del rollo de Isaías (Lucas 4:17-22). Debido a esto, uno podría decir que Él era un miembro al que tenían en buena consideración, pero continúen leyendo. Por el versículo 28 se llenaron de ira y deseaban arrojarle por el acantilado. ¿Por qué? ¿Qué había dicho? Había interpretado eventos del Antiguo Testamento en los cuales los profetas de Dios no habían mostrado favor hacia los israelitas, sino hacia la gente de las naciones (Lucas 4:24-27). No estaban listos para escuchar que Dios podía intervenir en las vidas de la gente fuera de su religión. Estaban tratando de matar a este joven y extraordinario judío a quien admiraban hasta hacía un minuto antes. Más tarde, cuando se dieron cuenta que muchos judíos estaban poniendo su fe en este mismo hombre que esencialmente había insultado la idea que ellos tenían de “la única religión verdadera,” expresaron su preocupación sobre este asunto. Recuerden, Jesús era un buen judío con un buen testimonio. Ayudaba a otros judíos a ser sanados y a tener fe en Dios. ¿No debían estar felices de tener a un hombre de fe como Él en su sinagoga? ¿A qué le temían?

“Por consiguiente, los sacerdotes principales y los fariseos reunieron el Sanedrín y empezaron a decir: ‘¿Qué hemos de hacer, porque este hombre ejecuta muchas señales? Si lo dejamos así, todos pondrán fe en él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar así como nuestra nación’.” — Juan 11:47, 48, Traducción del Nuevo Mundo  

Las organizaciones religiosas poderosas, como la de los testigos de Jehová, siempre han estado preocupadas de que si la gente tiene fe únicamente en Jesús, perderán el control sobre sus seguidores. Mientras Jesús es exaltado, ¡la Torre sucumbe! En el camino me iba aferrando a Jesús, pero el falso profeta continuaba aún en mi cabeza.  

HACIENDO MORIR AL FALSO PROFETA EN MI CABEZA

Comencé a orar a Jehová para que “hiciera morir al falso profeta” de acuerdo con Deuteronomio 18:20. Jesús se manifestó en la batalla espiritual en la forma de una serie en el diario titulada, “El Israel de Dios.” El desmantelamiento de esta única doctrina echó por tierra toda la fortaleza de la Watchtower. El pastor que escribió esta serie me ayudó a ver que todos los creyentes en Cristo son bienvenidos en el Israel de Dios, no sólo un pequeño grupo de 144.000 personas. Una vez que capté este punto, comencé a ver cómo las Escrituras habían estado veladas para mí por tanto tiempo. Como una testigo de Jehová, había sido una ávida lectora de la Biblia diariamente, sin embargo, en cierto modo, era un libro cerrado para mí, Mi mente había sido entrenada para separar cuáles versículos se aplicaban a mí y cuáles sólo para los 144.000 seguidores ungidos de Cristo. Pero al adoptar este nuevo concepto de que TODA la Escritura se aplica a mí, la Biblia comenzó a abrirse delante de mí y el Espíritu Santo una vez más comenzó a hablarme. ¡Y hablar fue lo que hizo! En febrero del 2007, Dios comenzó a mostrarme en dónde debía yo arrepentirme de la distorsionada perspectiva de Jesús que había adquirido en los testigos de Jehová.

La primera lección que mi Libertador quería que yo entendiera, era que somos salvos por gracia. Es su justicia y no la nuestra la que nos salva. Pablo, habiendo sido un fariseo, entendió bien esto, al igual que yo ahora, habiendo sido una testigo de Jehová. En Gálatas 5:4, Pablo utiliza la frase “caer de la gracia.” Hasta entonces, yo había pensado que caer de la gracia era caer en otro acto ilícito como aquellos mencionados antes en el capítulo. Pero aquí se hace claro que una caída de la gracia es simplemente lo que allí dice, alejarse de la GRACIA, el inmerecido favor de Dios. Todo el razonamiento de Pablo aquí trata acerca de aquellos que se vuelven hacia las reglas y regulaciones de la ley. Así, una caída de la gracia no significa involucrarse en un pecado evidente, podría significar hacer obras muy buenas (con una motivación equivocada del corazón). Pablo hablaba de cómo los creyentes habían comenzado en la gracia, pero habían caído de aquella gracia para volver a las obras de la ley. ¡Puedo identificarme con esto! La gracia vino a mí años atrás, pero caí de esta cuando entré en las obras de la organización Watchtower.  

En abril del 2007, estuve lista para encontrarme con mi Salvador tal y como Él es. Llegué a reconocer que Jesús era Jehová, no sólo porque hizo afirmaciones que me convencieron de que Él era Dios en la carne (Juan 8-10), sino también porque era adorado (Juan 9:35-38). Por algún tiempo, he estado viendo al Dios Trino en las Escrituras, pero rápidamente afloraban mis propios argumentos para disputar estos versículos. Finalmente, cuando las Escrituras continuaron sorprendiéndome, supe que Jesús se estaba revelando a sí mismo para mí y ya no podía negarlo. Vi que no era más que orgullo lo que se interponía en mi camino a aceptarlo.

El darme la bienvenida al Israel de Dios y convenciéndome que Jesús realmente es Jehová, mi Libertador y Salvador, Jesucristo, hizo imposible mi regreso a los testigos de Jehová, incluso si tuviera el deseo de hacerlo. Todavía hay veces cuando extraño la rutina y a mis amigos en el Salón del Reino, pero me he arrepentido de aquella vida y sé que no puedo regresar. Después de todo, ¿de qué tendría que arrepentirme para regresar? Ya que fui expulsada en base a no reconocer a la Sociedad Watchtower como mediadora entre Dios y yo, no puedo ir en contra de 1 Timoteo 2:5 que dice que sólo hay un mediador y que es Jesucristo. Ciertamente, ¡regresar al Salón del Reino sería una blasfema caída de la gracia!

Estoy tan feliz de pertenecer a Cristo. Sé que por creer en Él, me ha dado la autoridad de ser una hija de Dios (Juan 1:12). He pasado de muerte a vida (Juan 5:24) y ya no puedo ser condenada por ningún hombre ni organización (Romanos 8:1) y eso ha quitado todo el temor y me ha dado libertad para hablar (1 Juan 4:17-19). ¿Soy una amenaza para la Sociedad Watchtower? Por supuesto que lo soy, ¡soy una cristiana!  (1 Pedro 4:14-16)  

En Su Gracia,
Julie


Fuente:  http://www.4jehova.org/extj-julie.php