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Autor Tema: Lea la historia de la salida de Tammie de los testigos de Jehová.  (Leído 937 veces)

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Lunes 26 de Oct, 2009, 12:48:05 pm
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Tammie - Al ser criada por padres testigos de Jehová (su padre era un anciano líder), Tammie se sentía confiada de que era parte de la única religión verdadera. Haciendo la obra de precursora a sus 30 años de edad (invirtiendo por lo menos 90 horas al mes), reportaba un promedio de 10 “estudios Bíblicos” y distribuía mensualmente cientos de revistas y otros libros de la Watchtower. Como una persona experta en debatir, Tammie daba “charlas” y “demostraciones” frecuentes en la Escuela de Ministerio Teocrático desde los 7 años de edad. Su familia y amigos la consideraban como la “Testigo” modelo, hasta que el amor condicional que ella había adoptado fracasó y todo en su vida se desmoronó. Tammie encontró únicamente en Cristo lo que había estado buscando

En un pequeño pueblo en el este de Texas, una niñita se sentó llorando sobre un tronco cortado en el bosque. Venía de la iglesia metodista y descubrío que si ella no era una niña buena, se quemaría por siempre en un Lago de Fuego. Miró hacia el cielo con una incredulidad angustiante y clamó: “Dios, si eres real, me gustaría saber por qué habrías tú de quemar gente en el infierno.” Los años pasaron y la niñita creció, se enamoró y se comprometió.  Pronto le presentaron a quien habría de ser su suegro, cuyas primeras palabras hacia ella fueron: “Jovencita, ¿sabías que Dios tiene un nombre el cual es ‘Jehová’?” Y luego le dijo lo que ella quería oír: que el infierno no quemaba. Estas eran las respuestas que ella había estado buscando por tantos años desde que estuvo sentada en aquel tronco en el bosque. 

Esa niña era mi madre y esa fue la manera en la que se convirtió en una víctima involuntaria de control mental de una secta. Ella se bautizó en la Organización Watchtower cuando yo tenía apenas 2 años de edad. Pronto seguiría mi padre. Él sirvió en la organización como un siervo en la contabilidad hasta que comenzaron las preparaciones para ordenarlo como anciano. Mi padre fue nombrado como anciano y permaneció como tal hasta el año 1999, cuando una disputa entre él y otros ancianos con respecto a su nieto (mi hijo) le llevó a su “renuncia.” Públicamente dijo que había renunciado para poder dedicar más tiempo al servicio de precursor (invirtiendo un promedio de 90 horas mensuales en la obra de discipulado de puerta-en-puerta). Desde entonces, él fue un precursor de tiempo completo y, hasta donde yo sé, aún lo sigue siendo.

Los testigos de Jehová obedecen a un grupo de hombres conocido como el “Cuerpo Gobernante.” Estos hombres afirman ser el canal por medio del cual Dios se comunica con la gente en la tierra. Creen que sólo ellos pueden interpretar la Palabra de Dios de manera precisa y que únicamente 144,000 de sus miembros más prominentes podrán vivir en el cielo. Cuestionar la autoridad del “Cuerpo Gobernante” es simplemente imperdonable.

Alrededor de los 30 años de edad comencé la labor de precursora. Era una fanática religiosa y miraba con desprecio a cualquiera que fuera demasiado perezoso para buscar la “Verdad,” como la llamábamos, del mismo modo en que la buscaba yo. Tenía que juzgar a los demás de un modo muy severo para sentirme bien con respecto a mí misma.  Algo en mí siempre supo que mi arduo trabajo nunca era lo suficientemente bueno, pero en los momentos que pasaba comparándome con otros, sentía un pequeño alivio temporal de la sensación constante de culpabilidad. Quería creer que estaba haciendo todo lo que podía para complacer a Dios, obligándole así a protegerme durante la batalla de Armagedón. Aún así, lo mejor que podía yo esperar, era morir haciendo el ministerio de puerta-en-puerta o en el proceso de rechazar una transfusión de sangre. Esto es lo más cerca que puede llegar un testigo de Jehová a tener garantizada la vida en el “nuevo mundo,” el paraíso terrenal. Esta es la esperanza que la mayoría de los testigos de Jehová anhelan, dado que el cielo sólo tiene lugar para 144,000. Una vez que logras ingresar al “nuevo mundo,” entonces debes vivir sin cometer ningún pecado grave por 1,000 años y luego debes ser probado nuevamente para ver si mereces la vida eterna. Aún si pasas todas las pruebas, no hay esperanza de seguridad duradera. Si pasas la prueba, únicamente ganarás la “perfección”, lo cual supuestamente te ayudará a reducir grandemente el riesgo de pecar de nuevo y ser destruido permanentemente. 

Mi fe comenzó a decaer cuando tuve un aborto y jamás pude conciliarme con la idea de que mi bebé nunca resucitaría, de acuerdo a las creencias de los testigos de Jehová.  Además, yo no veía esto como una rebelión rotunda en ese momento, pero rechazaba en secreto el concepto de los testigos de Jehová de que Jesús no era mi Mediador. También recuerdo una oración que hice un poco antes del funeral, cuando realmente estaba buscando el amor de Dios y recuerdo claramente que estaba parada en mi cocina rogando a Dios que me ayudara a entender el tipo de amor que le permitiría a Él entregar a su Hijo como un sacrificio por gente que ni siquiera le conocía.

Recuerdo haberme sentido verdaderamente triste por las personas que rechazaban adoptar la esperanza que yo tenía.  Consideraba mi manera de vivir superior a la de ellos.  Nunca les creí a las personas que, en las puertas que visitaba, me hablaban acerca de una relación personal con Jesús, yo los descartaba como unos pobres tontos engañados. Quería que ellos adoptaran las buenas nuevas de que podrían vivir para siempre en el paraíso en la tierra sin enfermedades, sin dolor ni muerte si tan sólo estudiaran la Biblia conmigo de 6 a 12 meses, leyeran toda la literatura de los testigos de Jehová, promediaran 10 horas mensuales en el ministerio de puerta-en-puerta, asistieran a 5 reuniones semanales y vivieran de acuerdo a los requisitos de la Organización Watchtower los cuales incluían no fumar, no votar, no participar en transfusiones de sangre, no participar en días festivos mundanos ni en el servicio militar. 

Yo era lo suficientemente persuasiva como para llevar a 5 personas al punto de bautizarse.  Reporté un promedio mensual de 10 estudios bíblicos y la distribución de cientos de piezas de literatura. Leí y estudié el material de la organización a tal punto que era capaz de discutir acerca de la doctrina mejor que cualquier anciano que yo conocía, y esto era algo que ellos mismos admitían. Ofrecí “charlas” y “exposiciones” en casi todas las escuelas ministeriales y reuniones de servicio; al punto que sufría de dolores estomacales producidos por los nervios casi todos los martes por la noche. Pero tenía un don para argumentar y fui utilizada con frecuencia en la plataforma desde los siete años de edad. Mi propio hijo inició en la escuela ministerial cuando tenía tan sólo cinco años de edad. Supongo que se podría decir que yo era una de las principales testigos de Jehová entre los testigos de Jehová y que nuestra familia era “una familia ejemplar de testigos de Jehová,” pero a pesar de todo mi arduo trabajo, estaba desesperadamente sola, vacía y anhelaba algo, pero no sabía qué. Mi madre presentía esto en mí y solía decirme, “Muchacha, ¿por qué trabajas tanto?” Como testigo de Jehová, recibí un amor y aceptación de tipo “condicional.” No es de sorprenderse que esta fuera la clase de amor que llevé a mi matrimonio; tampoco es ninguna sorpresa que mi matrimonio se desmoronó después de 20 años. 

Había mucha hipocresía en mi vida, al igual que en todas las vidas de los testigos de Jehová, pero mi corazón realmente se dolía cuando la gente rechazaba ver la “verdad” que yo estaba tratando de darles. Lloraba y oraba desesperadamente por ellos. Yo realmente no deseaba que murieran en el Armagedón. Creo que en este sentido, yo era un poco diferente a los otros testigos de Jehová que conocía. Todos ellos trataban de completar su “tiempo” para no meterse en problemas o para que no los miraran con desprecio. Yo también lo hacía en algunas oportunidades.  Todos hacíamos lo mejor que podíamos para complacer a las autoridades que fueran. El no tener una verdadera relación con Dios tiene como resultado mucho trabajo ocupado para “agradar a los hombres.” Podría hablar mucho acerca de los efectos perjudiciales del “trabajo ocupado” que consumía nuestras vidas. Siempre buscábamos algún alivio, sin darnos cuenta que en realidad estábamos huyendo, pero todos los testigos de Jehová huyen a su manera. Cuando me cansé de huir, en lugar de eso, huí de mi matrimonio y fui expulsada.

Tomé un trabajo secular y comencé a conocer a algunos cristianos que actuaban de manera más cristiana que algunos de mis conocidos entre los testigos de Jehová.  Me impresionaba como una mujer llevaba su Biblia al trabajo y la leía durante la hora del almuerzo. Otro hombre me mostró una gentileza inusual al invitarme a ver a su familia en una obra navideña en su iglesia y al obsequiarme un regalo navideño aún cuando yo casi ni lo conocía. Yo nunca había escuchado la expresión “Devocional diario,” pero otra mujer en la oficina me preguntó si podía enviármelos.  Cuando vi que estos eran sólo versículos de la Biblia, me pregunté por qué durante toda mi vida me advirtieron que no leyera material religioso de otras personas. Observé las vidas de estas personas, como ellas realmente vivían lo que creían, y me comencé a preguntar ¿por qué un Dios de amor querría matar a esta gente en el Armagedón? ¿Era Dios realmente tan cruel que quería destruir a esta gente que obviamente le amaba, sólo porque no eran testigos de Jehová? Esto me molestaba, pero siendo tan buena para evitar los conflictos, archivé estos pensamientos inquietantes en mi mente hasta que encontré a alguien que me obligó a sacarlos del archivo.

Empecé a salir con un bautista. Después de asistir a algunas de mis reuniones en el Salón del Reino, él creía que yo estaba involucrada en una secta.  Trataba de convencerme, pero yo no le escuchaba. Me deshice de todo lo que él me traía que hablaba en contra de los Testigos. Trató de mostrarme las Escrituras que desmentían mis creencias, pero cuando yo no podía refutarlas con mi retórica normal de los testigos de Jehová, me sentía frustrada y molesta con Dios por permitir que existieran otras Biblias con palabras equivocadas en ellas, palabras que contradecían mi Biblia confiable, la Traducción del Nuevo Mundo, publicada por la Sociedad Watchtower. 

Durante este tiempo, me cambié a un empleo en el que trabajaba junto a una mujer bautista que estaba casada con un testigo de Jehová. Ella me invitó a un estudio bíblico en la casa de alguien.  Sólo acepté su invitación para poder probar cuán equivocada estaba ella, esperanzada de lograr que ella se convirtiera en una testigo de Jehová al igual que su marido. Yo no estaba preparada para lo que encontré en ese estudio bíblico. Allí escuché cómo Dios había estado respondiendo las oraciones de estas mujeres. Eso era imposible, pues yo “sabía” que Dios sólo respondía las oraciones de los testigos de Jehová, dado que eran los únicos que llamaban a Dios por su nombre, “Jehová.” Luego, ellas vieron un video donde se hablaba acerca de una mujer que un día se sentía segura al saber dónde pasaría la eternidad, y al día siguiente ya no estaba segura. Esto me golpeó fuerte, pues describía mi vida entera. Lloré todo el camino de regreso a casa y le pedí a Dios si había alguna manera en la que yo pudiera “saber” con seguridad que no moriría en el Armagedón y si Él, por favor, me la podía revelar. 

Después, mi novio fue invitado a una iglesia por uno de sus clientes. Me dio la tarjeta de invitación a la iglesia y me dijo que pensaba que yo debería ir para ver qué me parecía. Fui una vez y pensé que sería fulminada por un rayo tan pronto como mi pie traspasara el umbral de la puerta. Toda mi vida me habían dicho que la única razón por la que las iglesias existían era para que los predicadores pudieran arrebatar el dinero de las personas. También estaba orando para que Dios me perdonara por haber ingresado a un lugar donde vivían los demonios y para que me protegiera de los espíritus malignos. Ver una cruz fue atemorizante para mí, pues me habían enseñado que la cruz era un símbolo pagano. Yo quería salir, pero sentí que le debía esta concesión a mi novio. 

La gente sonreía y actuaba amablemente, pero yo estaba segura que ellos tenían un plan secreto. Parecían ser gente normal y sincera. Conocí a la pareja de edad madura que invitó a mi novio a esta iglesia. Fueron amables, pero pensé que podían estar fingiendo. Yo recuerdo que también transmitía afecto a las personas nuevas que venían a visitar nuestro Salón del Reino. Yo conocía mi agenda secreta; sólo quería ayudarles a que se conviertan. ¿Cómo podía estar mal todo lo que me habían enseñado acerca de esta gente? Seguí el sermón con mi propia Traducción del Nuevo Mundo y no pude encontrar ningún punto que desacreditara al pastor. Hubo una canción que cantaron con la palabra “Trinidad” en ella, con lo cual yo estuve fuertemente en desacuerdo. Esto fue suficiente para hacerme decidir que todo estaba mal, y me dispuse a probarlo. 

Tenía un plan para probarle a mi novio que mi religión era la correcta y que la suya estaba equivocada. Iba a encontrarme con el pastor para lograr que él conviniera en que yo estaba bien y él estaba mal, entonces mi novio dejaría de asistir allá. Yo me sentía extremadamente confiada con mi habilidad para hacer esto. Me reuní con el pastor Bruce quien, después de  varios “rounds” con respecto a la doctrina del fuego del infierno, se negó a seguir discutiendo conmigo. Dijo que discutir sobre doctrina era un esfuerzo inútil. (¿Qué? ¡Discutir sobre doctrina era mi vida!) Él dijo que todo llevaba a un sólo asunto: “hacer” contra “hecho.” Me explicó que si alguna de mis obras como testigo de Jehová pudiera hacerme ganar algún tipo de favor con Dios, entonces la obra de Cristo en la “cruz” (¡Auch! Me estremecía esta palabra) hubiera sido de algún modo deficiente. Él continuó explicando que si yo podía añadir siquiera un poquito a mi propia salvación, entonces el sacrificio de Cristo simplemente no era lo suficientemente bueno. 

A este punto, le pregunté sarcásticamente acerca de una expresión que escuché que la gente en la iglesia usaba. Le pregunté: “¿qué es todo eso de ‘ser salvo’ y cómo se supone que funciona?” Él debió haber presentido que yo imaginaba al término ‘ser salvo’ como una especie de fórmula humana, vacía, movida emocionalmente, desprovista de todo mérito por parte de Dios. Él sabía que mi mentalidad impulsada por “obras” había reducido la oración del pecador a una escapatoria para los perezosos. Después de todo, toda mi vida se había tratado de obras y yo no iba a permitir que mis obras se fueran así de fácil.  Todo esto me parecía muy ingenuo, que uno pudiera hacer una pequeña oración y ser salvo de la ira de Dios por siempre. No era tonta, yo sabía que las obras debían pertenecer en algún lado. 

El pastor Bruce trazó para mí, en términos muy simples, el camino para llegar a Jesús: confesar mi pecado, pedir perdón y pedirle a Cristo que viniera a vivir en mi corazón. Él dijo que la experiencia era diferente para cada quien. Algunas veces era emocional y otras veces no. Él no pensó que yo estuviera prestando atención, pero sin darse cuenta me dio algo “que hacer.” Me dije a mí misma: “Tammie, sólo hazlo. ¿Qué tal si esto tiene algo de cierto?” Me fui para estar a solas y oré de la manera en la que el pastor Bruce me dijo que orara. Yo no creía que esto haría alguna diferencia, pero lo hice por si acaso... y por supuesto, tuve el cuidado de pedir perdón por orar a “Jesús” quien, pensaba yo, no era Dios sino un ángel creado. 

Como una semana después, mi amiga del trabajo que me había invitado a su estudio bíblico, me dio el número telefónico de alguien de su iglesia llamado Omar. Omar le dijo a mi amiga que él “tenía” que hablar conmigo. Yo no sabía qué hacer. Él podría ser un apóstata. Tenía miedo de llamarle. Con un poco de valor, finalmente lo llamé y acordé encontrarme con él y con su esposa. Omar había estado involucrado profundamente con los testigos de Jehová en el pasado y conocía toda la doctrina de ellos por dentro y por fuera. Él me mostró suficientes Escrituras como para que yo comenzara a encontrar respuestas alternativas a lo que se me había enseñado a creer de pequeña. Estaba intrigada, pero no totalmente convencida. Mientras tanto, busqué en Internet y encontré a un ex-testigo de Jehová quien generosamente me envió muchos libros y videos acerca de las profecías fallidas y la doctrina equivocada de los testigos de Jehová. Mis ojos fueron abiertos, pero me llené de temor. Mi apego a los testigos de Jehová se estaba volviendo menos Escritural y más emocional.

Terminé asistiendo a una conferencia para mujeres cristianas con mi amiga del trabajo y todas las mujeres de sus estudios bíblicos. Nunca había oído a alguien orar como lo hicieron estas mujeres en nuestra habitación de hotel esa noche. Se notaba que ellas tenían una verdadera relación con Dios. En la conferencia, escuché muchas cosas maravillosas, todas respaldadas por la Biblia. Estaba atenta y emocionada con todo lo que estaba oyendo. No era como esas asambleas ultra aburridas y convenciones a las que había asistido como testigo de Jehová. En la conferencia compré mi primera Biblia que no era de los testigos de Jehová como un acto de libertad espiritual. Una mujer que era una de las oradoras en la conferencia, me vio con lágrimas en mis ojos y me preguntó si estaba bien. Le conté que yo estaba batallando para decidir qué hacer con mi religión, y ella insistió en tener mi nombre y dirección, y me prometió que estaría orando por mí. Quedé muy asombrada con tal demostración de preocupación genuina por parte de una desconocida. El evento incluía una canción con el nombre “Jehová” en ella. Mi corazón casi estalló en mi pecho al sentir que esta canción era un regalo de Dios para mí, para librarme de todas las mentiras que me habían dicho acerca de estas personas. Esta gente preciosa realmente conocía a mi Dios. ¡Incluso cantaban canciones para glorificar su Nombre! Dios me había hablado me una manera muy grande.

Los días que prosiguieron fueron algunos de los días más difíciles que he vivido. Estaba destrozada por dentro, con mucho miedo de cometer un error. Mis padres me rogaban y jalaban para un lado, mientras mi corazón jalaba en sentido opuesto. En cierto momento, pensé que quizás estaba imaginando todo esto. Posiblemente me estaba volviendo loca. Llamé a mi papá llorando y le rogué que viniera pronto para re-indoctrinarme. Él confiaba tanto en mi “conocimiento” y mis habilidades astutas como una testigo de Jehová altamente entrenada y altamente motivada, que se negó a venir. Me dijo: “Nena, tú no necesitas que yo ‘te’ diga nada. Tú conoces la Verdad.”

Anhelo poder describir el temor asociado con salirse de una secta. Es un esfuerzo doloroso comenzar a pensar por uno mismo. Toda mi vida había dependido de la organización para que hicieran esto por mí.  La organización lo había sido todo para mí, mi madre, mi padre, mi amigo, mi vida. No podía imaginar la vida sin ella. Con seguridad me distanciaría de todos los que conocía si dejaba de creer en lo que ellos creían. En cierto momento, consideré la posibilidad de suicidarme por el dolor que causaría al decepcionar a mis padres, al dejar a los testigos de Jehová. 

1 Juan 2:27 dice que no necesito otro maestro, porque el Espíritu Santo será mi maestro. Creí esto, lo suficiente como para dejar de leer La Atalaya; pero permitir que el Espíritu me guiara y me explicara la verdad Bíblica, era algo completamente nuevo para mí. ¿Podía creer en mi nuevo entendimiento o era esta una mentira colosal, algún truco del enemigo para desviarme de mi antigua religión? Un día, oré mucho por una respuesta. Le pedí a Dios una experiencia del tipo “Camino a Damasco” porque tenía que estar completamente segura de cómo quería Él que yo creyese. Después de orar con todo mi corazón aquel día, recibí un correo electrónico de mi amiga del trabajo con el devocional de ese día.  Era 1 Juan 4:1: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.”  Yo dije: “¡No Dios! Esto no me ayuda para nada. ¡Esta no es la respuesta que necesito, porque yo no sé quién es un falso profeta o no!” Luego el Espíritu aclaró las cosas en mí. Dios nos da una prueba para saber cómo juzgar a un falso profeta en Deuteronomio 18:22: “si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.” ¡Esto era! Los Testigos han proclamado ser el verdadero profeta de Dios por más de 100 años, y los incumplimientos en sus profecías son infames. ¡Mi oración fue contestada!

Como una semana después, recibí una llamada telefónica de Omar. Él insistió en guiarme con la oración de salvación allí, hablando por teléfono, mientras iba conduciendo por la carretera 9. Sin embargo, yo aún no podía estar de acuerdo en orar a Jesús. Me preguntó si me parecía bien orar al “Dios de la Biblia” y yo dije: “Sí.” Algo grande sucedió ese día. Yo no entendía aquello acerca de los ángeles regocijándose en el cielo cuando un pecador se arrepiente, pero eso debió ser lo que sucedió. Recuerdo haber dicho más tarde: “Hoy he sido salva”. Las palabras seguían siendo extrañas para mis labios y no entendía a cabalidad todo lo que significaba ser “salva.” Aún así, hubo una paz en mí como nunca la hubo antes. La pelea había terminado y se había logrado una victoria. Fue en mayo de 2001. 

Cuando les conté a mis padres que había aceptado a Cristo como mi Salvador, mi madre lloró y dijo que nunca más me hablaría. Mis nuevas creencias son “tonterías” para ellos. Ellos creen que Satanás ha cegado mi mente para que yo ya no pueda ver la Verdad. Ellos creen que están “en” la Verdad y que yo soy una apóstata por haber dejado la “Verdad.” He descubierto que la Verdad no es una organización o una religión; es una persona, es Jesucristo. Jesús es el Camino, LA VERDAD, y la Vida (Juan 14:6). Mi madre, mi padre y mi hermana me han abandonado, pero Jesús nunca lo ha hecho. Tengo la bendición de tener muchas más madres, padres y hermanas, así como Él me prometió en Lucas 18:29-30: “De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos,...por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.” 

Actualmente, no tan sólo tengo una verdadera relación con Jesús, sino que me siento orgullosa de aclamarle como lo que legítimamente es—mi Señor y mi Dios (Juan 20:28).

Fuente: http://www.4jehova.org/extj-tammie.php