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Autor Tema: EL MATRIMONIO Y EL MINISTERIO  (Leído 110 veces)

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Sábado 09 de Jul, 2016, 13:52:47 pm
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“Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea... También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.” 1Timoteo 3:1-7.

El Matrimonio y el Ministerio
Dios siempre ha establecido normas de conducta muy elevadas para su pueblo, y muy especialmente para sus ministros.

EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
LOS SACERDOTES. En el capítulo 21 del libro de Levítico encontramos que:

• En cuanto a su carácter, los sacerdotes tenían que ser santos, leemos: “Santos serán a su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios” (v. 6).
• En cuanto al matrimonio, el sacerdote tenía que casarse con una mujer virgen, no podía casarse con viuda, ni con ramera, ni con repudiada por fornicación (v. 7, 13-14).
• En cuanto al testimonio y al hogar, si un sacerdote tenía una hija soltera que comenzare a fornicar, por ser esto una deshonra al padre y al ministerio, la joven era quemada hasta morir (v. 9).
• En cuanto a lo físico, el sacerdote tenía que ser sin defecto, no podía ser ciego, ni cojo, ni mutilado, ni sordo, ni con pie ni mano fracturados, ni jorobado, ni enano, ni tener nube en el ojo, ni sarna, ni empeine (vv. 16-23).
• En cuanto a las vestiduras, los sacerdotes tenían que vestir conforme lo indicado por Dios, tenían que cubrirse bien.
Cuando algún sacerdote deshonraba el ministerio, Dios lo juzgaba severamente, algunas veces con la muerte. Esto sucedió a los hijos Aarón que eran sacerdotes; los hijos de Elí por adúlteros y profanos, murieron el mismo día, conforme Dios los había sentenciado.

En tiempos de Ezequiel, las abominaciones eran tales en el pueblo y los gobernantes, que también habían envuelto a los sacerdotes e invadido el santuario. Dios ordenó marcar en la frente a los que oraban y clamaban a Dios en contra de estas abominaciones, y sobre el resto Dios envió mortandad.

Y en el templo milenial los sacerdotes descendientes de aquellos sacerdotes que en épocas pasadas no honraron el ministerio, no podrán ser sacerdotes en el templo milenial, solamente serán ayudantes de los sacerdotes y porteros del templo.

Dios exigió, exige y seguirá exigiendo santidad, fidelidad en sus ministros.

LOS PROFETAS. Vivían una vida sencilla y austera, generalmente vivían una vida separada del bullicio, y eran vistos en el público, especialmente cuando tenían un mensaje de Dios para dar. Sus vidas santas y su fuerza moral eran la única credencial humana que tenían, y el poder de Dios en ellos era la fuerza avasalladora que hacía temblar reyes e imperios.

Así como hubo sacerdotes que deshonraron el ministerio sacerdotal, también hubo profetas que deshonraron, desobedecieron, en su ministerio profético y murieron.

En el libro de Deuteronomio 18:20, dice: “El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.” También leemos en el libro de Jeremías 29:21 y 23, como sigue: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de Acab hijo de Colaías, y acerca de Sedequías hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi nombre: He aquí los entrego yo en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y él los matará delante de vuestros ojos… Porque hicieron maldad en Israel, y cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos”.

EN EL NUEVO TESTAMENTO

Ayer como hoy, Dios exige moral, dignidad, austeridad, testimonio, obediencia, fidelidad, santidad a sus ministros y predicadores. Si fuertes fueron las exigencias para el ministerio en el AT, mayores son en el NT, pues, “oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28). Las demandas de la Gracia son mayores que las de la Ley.

Con relación al matrimonio el sacerdote no podía casarse con una mujer que hubiera sido mujer de otro, viuda, repudiada, ramera, tenía que casarse con una virgen. Tampoco él podía tener más de una mujer, no podía adulterar con la mujer de su prójimo, ni ir con las rameras, ni repudiar o divorciarse de su esposa para casarse con otra. Dice la Biblia, leemos: “Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento…

Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos… Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. Más diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto… Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que Él aborrece el repudio (divorcio)” (Malaquías 2:1, 7, 13-16). Así que los sacerdotes no se podían divorciar y recasar, tenían que ser marido de una sola mujer.

El apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo, escribiendo a Timoteo y a Tito, en las epístolas pastorales establece varios requisitos para los obreros del Señor, para los pastores, ministros, evangelistas, para el ministerio cristiano entre estas: irreprensible, irreprochables, que no tengan de que avergonzarse, que no sean causa de reprensión ni de escándalo; marido de una sola mujer.

Lo mismo que Dios aplicó a los sacerdotes del AT lo aplica el Espíritu Santo a los sacerdotes del NT, a los pastores y ministros, ni divorcio ni recasamiento. Cuando hay divorcio y recasamiento el hombre tiene su legítima esposa con quien se casó originalmente, que aunque separados físicamente, delante de Dios sigue siendo su legítima esposa y tiene la que no es legítima.

Así que no es “marido de una sola mujer” (1 Timoteo 3:2), tampoco es irreprensible, esta descalificado para ser pastor o ministro. La Biblia aramea dice: “que no haya tenido más de una mujer”; la Biblia de Jerusalén dice: “que no se haya casado más de una vez”, esto de “marido de una sola mujer”, es una objeción, un reproche, una censura al divorcio y al recasamiento, pues volverse a casar siendo viudo no descalifica. San Pablo dice a los viudos: “Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense” (1 Corintios 7:8, 9).

EL CASO DE DAVID. Hay quienes toman el adulterio de David para querer justificar sus adulterios.

• En Primer lugar, David era digno de muerte, él mismo se sentenció cuando el profeta Natán le preguntó, él dijo: “es digno de muerte”. David mismo no murió, pero murió el hijo del adulterio a los siete días de nacido; él mismo no murió, pero por haber tenido en poco la Palabra de Dios, por haber menospreciado a Dios, por unos momentos de placer carnal con la mujer de Urías, la espada y la muerte jamás se apartaron de su casa.

• En segundo lugar David no ejercía un ministerio sacerdotal, ni profético, ni de naturaleza y carácter espiritual, no era ministro, él era rey; este era un oficio civil, político, administrativo, militar. Y aun si hubiese estado atendiendo sus deberes políticos y militares como rey no hubiese cometido semejante crimen moral y físico. Si David hubiese sido sacerdote y no rey, se hubiese descalificado como sacerdote, pues las exigencias morales y ceremoniales para los sacerdotes eran estrictas. El día que el sacerdote tenía que entrar a ministrar en el santuario no podía tener relaciones íntimas con su propia esposa, mucho menos podía ser un adúltero.

• Los hijos del sacerdote Elí, que también eran sacerdotes, Ofni y Finess, murieron el mismo día conforme un profeta de Dios le había avisado a Elí por ser profanos y adúlteros, pues dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. “Estos son manchas” (Judas 1:12).

CONCLUSIÓN

La Obra de Dios sufre más por los intrusos, profanos, adúlteros e impíos adentro; que por los Faraones, Herodes, Nerones de afuera.

Estimado amigo y hermano, este es el mensaje auténtico de la Biblia: Dios es amor, pero también es justo, es fuego consumidor (1 Juan 4:8; 2:29; Hebreos 12:29); Él nos ama a nosotros, pero odia el pecado en nosotros. Dios en su amor quiere salvarnos y llevarnos a Su Cielo, a Su gloria, pero en su justicia no puede salvarnos y llevarnos al Cielo manchados con la inmundicia del pecado (Apocalipsis 21:27). Dios en su sabiduría proveyó el plan de redención para lavarnos de nuestros pecados, perdonarnos y llevarnos al Cielo, la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).

 Y entonces limpios tenemos que vivir en santidad, porque sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).
"Porque Nada Hay Imposible Para Dios"
                                            Lucas 1:37
Q.D.L.B