SI SE TE PERDONA POCO

anamariarios · 1431

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en: Viernes 04 de Nov, 2011, 14:39:33 pm
Si se te perdona poco

El don del nuevo nacimiento y de arrepentimiento, la nueva naturaleza de un hijo de Dios, nos hace ver la gloria del amor de Jesucristo por nosotros. Un estricto fariseo, que tenía poco amor por Jesús, lo invitó a cenar. Mientras se apoyaban en la mesa baja de estilo oriental, entró una prostituta y untó perfume a Jesús mezclado con sus lágrimas, en los pies desnudos del Señor y los enjugó con sus cabellos. El fariseo estaba indignado de que Jesús permitiera esto.
Entonces, Jesús le hizo una pregunta al fariseo: «Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama» (Lucas 7.36-47).
Esta es una historia acerca de cómo nace el gran amor por Cristo. Nace cuando recibimos ojos para ver la belleza en la forma en que Él nos amó primero. Nosotros no lo amamos a Él primero. Él nos amó primero. Nuestro amor por Jesucristo se despierta cuando sufrimos por nuestro pecado (a diferencia del fariseo de la historia) y cuando probamos la dulzura del amor misericordioso de Cristo que precede y despierta nuestro amor por Él.
No hay duda de que este amor producirá el fruto de la obediencia a Jesucristo (Juan 14.15) y producirá el vivo deseo de que el Señor sea honrado y alabado (Juan 14.28; 5.23).
Jesucristo es infinitamente digno de ser amado.