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Autor Tema: ¿Qué textos bíblicos han influido siempre en la actitud de los cristianos verdad  (Leído 2368 veces)

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¿Qué textos bíblicos han influido siempre en la actitud de los cristianos verdaderos respecto a implicarse en cuestiones y actividades políticas?
Juan 17:16: “Ellos no son parte del mundo, así como yo [Jesús] no soy parte del mundo.”
Juan 6:15: “Jesús, conociendo que [los judíos] estaban a punto de venir y prenderlo para hacerlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.” Más tarde dijo al gobernador romano: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. (Juan 18:36.)
Sant. 4:4: “Adúlteras, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, por lo tanto, que quiere ser amigo del mundo está constituyéndose enemigo de Dios.” (¿Por qué es tan serio el asunto? Porque, como dice 1 Juan 5:19: “El mundo entero está yaciendo en el poder del inicuo”. En Juan 14:30 Jesús se refirió a Satanás como “el gobernante del mundo”. Por eso, sin importar qué facción de este mundo alguien apoyara, ¿bajo el control de quién, realmente, llegaría a estar?)
Respecto a envolvimiento en asuntos políticos, ¿qué informan historiadores seglares sobre la actitud de aquellos a quienes se conoce como cristianos primitivos?
  “El cristianismo primitivo se comprendía poco, y los que gobernaban el mundo pagano lo consideraban con poco favor. [...] Los cristianos rehusaban participar en ciertos deberes de los ciudadanos romanos. [...] Se negaban a ocupar puestos políticos.” (On the Road to Civilization, A World History [Camino a la civilización, una historia mundial], Filadelfia, 1937, A. Heckel y J. Sigman, págs. 237, 238.)
  “Los cristianos se mantenían apartados y distintos del estado, como una raza sacerdotal y espiritual, y parecía que el cristianismo sólo podía influir en la vida civil de la manera que —debe confesarse— es la más pura, tratando, en realidad, de infundir más y más sentimiento santo en los ciudadanos del estado.” (The History of the Christian Religion and Church, During the Three First Centuries [La historia de la religión y la iglesia cristianas durante los primeros tres siglos], Nueva York, 1848, Augustus Neander, traducido del alemán al inglés por H. J. Rose, pág. 168.)



¿Supone la neutralidad un obstáculo para el amor cristiano?
SER cristiano abarca más que solo leer la Biblia, orar y entonar cánticos los domingos. Implica actuar tanto a favor de Dios como del prójimo. La Biblia dice: “No amemos de palabra ni con la lengua, sino en hecho y verdad” (1 Juan 3:18). Jesús se interesaba sinceramente por los demás, y los cristianos han de imitarlo. El apóstol Pablo exhortó a sus hermanos en la fe a tener siempre “mucho que hacer en la obra del Señor” (1 Corintios 15:58). Pero ¿cuál es la obra del Señor? ¿Incluye tratar de cambiar la política gubernamental a fin de auxiliar a los pobres y los oprimidos? ¿Fue eso a lo que se dedicó Jesús?
Aunque se le pidió que lo hiciera, Jesús se negó a intervenir o tomar partido en asuntos políticos. Rechazó el ofrecimiento de Satanás de recibir poder sobre todos los reinos del mundo, no se dejó envolver en una discusión acerca del pago de impuestos y se retiró cuando un movimiento popular quiso hacerlo rey (Mateo 4:8-10; 22:17-21; Juan 6:15). Sin embargo, su neutralidad no le impidió actuar en favor de otras personas.
Jesús se concentró en lo que dispensaría beneficios duraderos a los demás. Si bien es cierto que al alimentar a cinco mil personas y curar enfermos logró que unos cuantos experimentaran un alivio temporal, sus enseñanzas pusieron al alcance de toda la humanidad bendiciones eternas. Jesús llegó a ser conocido, no como un organizador de operaciones de socorro, sino como “el Maestro” (Mateo 26:18; Marcos 5:35; Juan 11:28). Él dijo: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad” (Juan 18:37).
Algo mejor que la política
La verdad que Jesús enseñó no eran teorías políticas. Más bien, giraba en torno al Reino del cual sería Rey (Lucas 4:43). Este Reino de naturaleza celestial reemplazará a todos los gobiernos y traerá paz permanente a la humanidad (Isaías 9:6, 7; 11:9; Daniel 2:44). Se trata, por tanto, de la única esperanza verdadera para los seres humanos. ¿No es más amoroso dar a conocer a las personas esta esperanza fiable para el futuro que animarlas a confiar en que seres humanos obtengan un porvenir seguro? La Biblia dice: “No cifren su confianza en nobles, ni en el hijo del hombre terrestre, a quien no pertenece salvación alguna. Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos. Feliz es el que tiene al Dios de Jacob por ayuda suya, cuya esperanza está en Jehová su Dios” (Salmo 146:3-5). De modo que, en vez de mandar a sus discípulos a predicar una forma mejor de organizar los gobiernos, Jesús les enseñó a predicar las “buenas nuevas del reino” (Mateo 10:6, 7; 24:14).
Por tanto, esta es “la obra del Señor” que se encomendó a los cristianos. Dado que el amor mutuo es un requisito para los súbditos del Reino de Dios, solo este gobierno conseguirá eliminar la pobreza y distribuir de forma equitativa los recursos de la humanidad (Salmo 72:8, 12, 13). Sin duda, son buenas noticias que vale la pena declarar.
Hoy día, los testigos de Jehová llevan a cabo organizadamente esta “obra del Señor” en 235 países. De acuerdo con las instrucciones de Jesús, respetan todos los gobiernos (Mateo 22:21). Pero también obedecen otras palabras que Cristo dirigió a sus discípulos: “Ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo” (Juan 15:19).
Algunas personas que estaban involucradas en la política la han abandonado después de estudiar la Biblia con minuciosidad. Un político italiano miembro de la Acción Católica, organización dependiente de la Iglesia, dijo: “Entré en la política porque creía que debía contribuir activamente al desarrollo político y social de la sociedad”. Tras dimitir del cargo de alcalde de la ciudad para predicar el Reino de Dios como testigo de Jehová, explicó por qué fracasan en la política las iniciativas de personas sinceras. “La situación actual del mundo no se debe a que personas decentes no hayan intentado mejorar las condiciones sociales, sino a que los esfuerzos honestos de unos pocos son superados por la maldad de muchos.”
Mantenerse al margen de la política a fin de proclamar la única esperanza verdadera para la humanidad no impide que los auténticos cristianos contribuyan al bienestar de su semejante de maneras prácticas. A quienes desean convertirse en súbditos del Reino de Dios les enseñan a erradicar actitudes destructivas, a respetar a las autoridades, a mejorar su vida de familia y a tener un punto de vista equilibrado sobre los bienes materiales. Más importante todavía, los testigos de Jehová ayudan a las personas a disfrutar de una relación estrecha con Dios.
En efecto, los proclamadores del Reino de Dios constituyen una influencia beneficiosa para la comunidad en la que viven. Además, animan a las personas a depositar su confianza en un gobierno que es real y que proveerá paz permanente a quienes aman a Dios. Debido a su neutralidad, no existen obstáculos que impidan a estos cristianos prestar la ayuda más duradera y práctica que hay disponible hoy día.
[Ilustración y recuadro de la página 7]
De la política a la predicación del Reino de Dios
  Cuando era niño, Átila conoció la teología de la liberación mediante los sacerdotes de su parroquia de Belém (Brasil). Como le agradaba la idea de que la humanidad finalmente fuera liberada de la opresión, se unió a un grupo activista, con el que aprendió a organizar marchas de protesta y campañas de desobediencia civil.
  Sin embargo, a Átila también le gustaba educar a los niños de esa comunidad basándose en una publicación que tenía. El libro, titulado Escuchando al Gran Maestro, hablaba de la buena conducta y de la obediencia a las autoridades, lo que hizo que Átila se preguntara por qué no seguían las elevadas normas morales de Jesús quienes apoyaban la teología de la liberación y por qué algunos de ellos olvidaban a los oprimidos cuando adquirían poder. Así pues, abandonó el grupo. Tiempo después, los testigos de Jehová llamaron a su puerta y hablaron con él acerca del Reino de Dios. Enseguida se puso a estudiar la Biblia y a aprender el verdadero remedio contra la opresión de la humanidad.
  Por esa misma época, Átila asistió a un congreso católico sobre la fe y la política. “Son las dos caras de una misma moneda”, explicaron los instructores. También acudió a una reunión en el Salón del Reino. ¡Qué diferencia! Para empezar, ni se fumaba ni se bebía ni se contaban chistes obscenos. Átila decidió predicar con los testigos de Jehová, y no tardó en bautizarse. Ahora comprende por qué la teología de la liberación no es la verdadera solución a los problemas de los pobres.
[Nota]
Editado por los testigos de Jehová.
[Ilustraciones de la página 6]
La neutralidad de los ministros cristianos no les impide ayudar a su prójimo




¿Quiere Dios que la religión se mezcle en la política?
“SE LEVANTÓ Judas el galileo en los días de la inscripción, y atrajo gente en pos de sí. Y sin embargo ese hombre pereció, y todos los que le obedecían fueron esparcidos por todas partes.” (Hechos 5:37.) He aquí otro ejemplo bíblico de la religión mezclándose en la política.
Poco antes del nacimiento de Jesús, este Judas, “con la adhesión del fariseo Saduco, incitó al pueblo a que se opusiera”. Aunque Judas era un sofista que fundó una secta particular, “incitó a la rebelión a los nativos, enrostrándoles la vergüenza de consentir el pago de un tributo a los romanos”. (Antigüedades Judías y La Guerra de los Judíos, de Josefo.)
¿Lo habría hecho Jesús?
Poco después del bautismo de Jesús, el Diablo intentó inmiscuirlo en la política. Satanás le ofreció “todos los reinos del mundo y su gloria”, y Cristo no negó que el Diablo tuviese autoridad sobre los gobiernos. Sin embargo, rechazó esta oportunidad política, aunque hubiera podido razonar que el poder político podría servirle para beneficiar a la gente. (Mateo 4:8-10.)
Más tarde la gente vio el poder que Jesús tenía para proveer alimento. Evidentemente su razonamiento fue: ‘Si Jesús gobernara, podría resolver nuestros problemas económicos’. Fíjese en lo que sucedió a continuación. “Jesús, sabiendo que estaban a punto de venir y prenderlo para hacerlo rey, se retiró.” (Juan 6:10-15.) Sí, Jesús rehusó envolverse en la política a pesar de sus aptitudes.
En una ocasión posterior algunos judíos politizados intentaron entrampar a Jesús en una cuestión política: los impuestos. ¿Eran demasiado elevados los impuestos que exigían los romanos? Si un judío pagaba el impuesto, ¿estaría con ello aprobando el que se utilizara para apoyar las guerras de Roma? Podemos aprender de la respuesta de Jesús: “Paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios”. (Marcos 12:13-17.) En contraste, el pasado mes de noviembre 225 obispos católicos romanos de los Estados Unidos votaron a favor de adoptar una declaración de 115 páginas sobre la economía, la cual decía en parte: “El sistema de impuestos debería ser reformado con el fin de reducir la carga que recae sobre los pobres. [...] Los que cuentan con recursos económicos relativamente superiores deberían pagar proporcionalmente más impuestos”.
Prescindiendo de cuál sea nuestra opinión en cuanto a los impuestos, hay que recordar que Jesús se mantuvo neutral, y sus discípulos, como el apóstol Pablo, hicieron lo mismo. (Romanos 13:1-7.) Aun en una cuestión social tan polémica como era la esclavitud, ellos se mantuvieron neutrales. Uno puede imaginarse cuán fácil hubiera sido para un cristiano, movido por la bondad, denunciar la esclavitud, tal como algunos clérigos actualmente toman partido en cuestiones como la legalización del aborto, la segregación racial, los derechos de la mujer, etc. ¡Pero los cristianos verdaderos se mantuvieron neutrales!
El profesor E. P. Sanders, de Oxford, escribe: “Hoy en día se reconoce prácticamente en todo el mundo que no existe la más mínima evidencia que nos permita pensar que Jesús tuviese ambiciones militares o políticas, y lo mismo aplica a sus discípulos”.
La ejecución del juicio de Dios
Como se ha considerado anteriormente, muchos líderes judíos pensaban que el envolverse con los gobernantes romanos les reportaría beneficios, y lo hicieron incluso en el caso del juicio y ejecución de Jesús el Mesías. (Mateo 27:1, 2, 15-31.) El libro de Revelación representa la influencia de la religión en la clase política y su manipulación como una mujer sentada sobre una bestia salvaje. ¿No le da eso una idea de cómo considera Dios el que el clero se mezcle en la política? (Revelación 17:1-5.)
A continuación presentamos la opinión de algunos observadores:
Malachi Martin, erudito del Vaticano, consideró que los clérigos “que se dedican a causas políticas y sociales están fracasando en su papel más importante: ser representantes de Jesucristo”. Él dijo: “Por ejemplo, los obispos no están bajo el mandato de escribir en cuanto a la economía o de decir al presidente que no envíe misiles a Europa”.
Pero, ¿qué sucederá cuando los políticos y la gente en general se cansen de esta intromisión por parte del clero? El año pasado el periódico Liberty mencionó cómo en el siglo IV el emperador Constantino “mezcló la política con la religión, creando una bestia ‘iglesia-estado’”. En cuanto a la situación actual dijo: “Tal como en los días de Constantino, la iglesia está utilizando al estado para lograr sus propios fines”. (Cursivas nuestras.)
La Palabra de Dios deja claro cuál será el desenlace final. Viene el día en que el elemento político se volverá contra el imperio mundial de la religión falsa que durante tanto tiempo ha utilizado a la política para sus propios fines, y lo devastará. Revelación 19:2 dice que esto será una expresión del juicio de Dios.
¿Puede usted mantenerse neutral?
Personalmente usted no puede impedir que los líderes religiosos se entremetan en la política. Pero individualmente sí puede esforzarse por encajar con la descripción bíblica de un adorador verdadero. En cuanto a sus discípulos Jesús dijo: “Ellos no son parte del mundo, así como yo no soy parte del mundo”. Después le dijo al gobernador Pilato: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos”. (Juan 17:16; 18:36.)
¿Es posible hoy por hoy estar en el mundo, vivir en esta Tierra como ciudadano de alguna nación, y aun así ‘no ser parte del mundo’, ser neutral? La historia moderna de los testigos de Jehová responde que sí. Ellos han acatado la obligación bíblica de ser ciudadanos cumplidores de la ley, y sin embargo mantenerse neutrales en las actividades políticas y militares de las diversas naciones en las que viven.
El libro The Shaping of American Religion dice: “Aunque rehúsan saludar la bandera o participar en las guerras sin sentido entre naciones condenadas, en otros aspectos son ciudadanos cumplidores de la ley. Son pocos los grupos que han resuelto tan hábilmente el problema de permanecer ‘en’ la sociedad seglar sin ser también ‘parte de’ ella”. Esto ha sido cierto por todo el mundo y bajo muchos sistemas políticos diferentes. Aun frente a intensa presión para que abandonen su neutralidad, los Testigos han mostrado lealtad al Reino de Dios por encima de todo.
El historiador Brian Dunn escribe: “Los testigos de Jehová eran incompatibles con el nazismo [...]. La objeción principal de los nazis a la secta era la actitud de los Testigos hacia el Estado y su neutralidad política. [...] Esto significaba que ningún creyente podía llevar armas, votar, ocupar un puesto oficial, participar en fiestas públicas, ni hacer ningún gesto de lealtad”. (The Churches’ Response to the Holocaust [1986].)
Esa neutralidad sigue existiendo. En The Modern Encyclopedia of Russian and Soviet History, vol. 15, leemos: “Hitler odiaba intensamente a los jehovistas y puso en prisión quizás a 10.000 de ellos [...]. Los Testigos, sicológicamente inquebrantables, resistieron los campos de concentración alemanes mejor que la mayoría [...]. El gobierno soviético nunca ha permitido que los testigos de Jehová estén legalizados, y la razón es que ve en ese movimiento, aun más que en otras convicciones religiosas, una ideología que socava radicalmente la lealtad de sus adherentes al Estado. [...] No participan en las elecciones; rehúsan servir en las fuerzas armadas; evitan al máximo la influencia de los medios informativos oficiales”.
El libro Christian Religion in the Soviet Union (1978) añade: “Los Testigos soviéticos resisten las exigencias de que participen en el servicio militar, en las elecciones y en todas las otras [actividades] políticas” en las que se espera que los ciudadanos tomen parte.
De modo que sí es posible imitar la neutralidad de Jesús tocante a las actividades políticas y militares de los romanos y los judíos. El hacer esto hoy en día será una protección cuando Dios ejecute su juicio adverso contra la religión que se ha mezclado en la política.
[Recuadro en la página 10]
  “Ya es tiempo de sacar la política del púlpito y el púlpito de la política. Los ministros religiosos tienen todo el derecho de opinar lo que quieran sobre los asuntos seglares. [Pero] usar el púlpito para causas seglares es impropio.” (Secretario adjunto de estado de los Estados Unidos, Langhorne Motley, junio de 1985.)




En los lazos del calvario, que nos unen su hno. en Cristo               <°))))<<< .... emiliosolano