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Autor Tema: La Santidad de Dios  (Leído 1657 veces)

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La Santidad de Dios
« en: Viernes 19 de Mar, 2010, 02:28:58 am »
                                                                                            La Santidad de Dios

1.- El Concepto bíblico de santidad.
La palabra hebrea para "ser santo", es "quadash", derivada de la raíz "qad", y es una de las más prominentes palabras religiosas del Antiguo Testamento.
Su idea básica es la de "cortar o separar", "poner aparte", e implica "posición y relación".
La misma idea ha sido traída por las palabras que encontramos en el Nuevo Testamento "hagiazo" y "hagios".

2.- La Santidad esencial de Dios.
En este sentido se da a entender que él es absolutamente distinto de todas sus criaturas y exaltado sobre ellas en infinita majestad.
Entendida así, la santidad de Dios es uno de sus atributos trascendentales y algunas veces se habla de ella como de su perfección central y Suprema. No parece propio hablar de uno de los atributos de Dios como si fuera más central y fundamental que otro; pero si nos fuera permitido hacerlo, el énfasis de la Escritura sobre la santidad de Dios parecería justificar tal selección.
- (1 Sam 2:2) "No hay santo como Jehová"; - (Ap 15:4) "Sólo tú eres santo"; - (Ex 15:11) "¿Quién como tú magnífico en santidad?". - (Is 6:3) Los serafines alrededor del trono, clamando día y noche: "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos", expresaban la infinita pureza de Dios.
Por lo tanto, todo lo que es santo procede de Dios, y lo que no tiene su origen en él no es santo.

3.- La Santidad Moral de Dios.
La idea fundamental de la santidad moral de Dios es también la de separación, pero en este caso es separación del mal moral, es decir, del pecado. En virtud de su santidad, Dios no tiene comunión con el pecado (Job 34:10). (Hab 1:13) "Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio".
Usándola en este sentido, la palabra santidad apunta a la imponente pureza o majestad moral de Dios, tanto de su voluntad como de sus hechos.
Pero no sólo implica la ausencia de cualquier imperfección moral, sino también la presencia del bien positivo. Por esta causa, Dios abomina de toda iniquidad que pueda cometerse en Su omnipresencia y exige pureza de sus criaturas morales.
Dios mismo destaca esta perfección:(Sal 89:35) "Una vez he jurado por mi santidad". Dios jura por su santidad porque ésta es la expresión más plena de su carácter moral.
Pero la idea ética de la santidad divina no debe separarse de la idea de la majestuosa santidad de Dios. Aquella se origina y se desarrolla de ésta.

4.- "El Santo de Israel".
La temprana visión que Isaías tuvo de la gloria de Dios, alto y sublime en el templo, mientras los serafines clamaban: "Santo, santo, santo", parece haber establecido el tenor de su vida y el tono general de su libro, en el que una y otra vez recurre la frase: "El Santo de Israel":
(2 Ry 19:22) (Sal 71:22; 78:41; 89:18) (Is 1:4; 5:19; 5:24; 10:20: 12:6; 17:7; 29:19; 30:11,12,15; 31:1; 37:23; 41:14,16,20; 43:3,14; 45:11; 47:4; 48:17: 49:7; 54:5; 55:5: 60:9,14) (Jer 50:29; 51:5) (Ez 39:7).
La santidad es el atributo de Dios por el cual él quiso que especialmente se le conociera en los tiempos del Antiguo Testamento: (Lv 11:44) (Jos 24:19) (Sal 99:3,5,9) (Sal 111:9) (Is 40:25) (Hab 1:12). El carácter atribuido a los "dioses" del paganismo antiguo y moderno es todo lo contrario de la pureza inmaculada que pertenece al verdadero Dios. ¡Los descendientes caídos de Adán jamás podían idear un Dios de santidad inefable que aborrece totalmente todo pecado!
Pero no se trata tan sólo de que Dios sea Santo, ni de que Israel mismo tenga que ser santo, sino que, además, Dios se había separado a sí mismo para Israel, con el fin de ser santificado a través de este pueblo.

5.- Los Nazareos.
En Israel el nazareo era el que se apartaba de los demás mediante la consagración a Jehová con un voto especial. Tres cosas le estaban prohibidas: cualquier fruto de la vid, la contaminación con muertos, y el cortarse el cabello.
Pero ¿qué sentido tenía este voto dentro de Israel?
Dios estaba empezado en enseñar a los israelitas, y por ende a nosotros también, acerca de la santidad. Y a través de (Nm 6:1-21) donde se trata expresamente el voto de los nazareos, vemos que cualquier persona podía, si quería, profundizar en su relación personal con Dios, aunque no disfrutara por nacimiento de privilegios especiales dados a otros (sumo sacerdote, sacerdotes, levitas...). Podría llegar a testificar con palabra y con vida lo que Dios anhelaba para la totalidad de su pueblo: "sed santos porque yo soy santo". Las prohibiciones asumidas por el nazareo indicaban que su santificación alcanzaba cotas semejantes a las del sumo sacerdote:
a.- Prohibido el consumo del producto de la vid en cualquier momento durante el período de sus votos (Nm 6:3-4 comp. Lv 10:8-11). b.- No podría acercarse a persona muerta ni exteriorizar duelo ni aun por parientes cercanos (Nm 6:6-7 comp. (Lv 21:10-11). c.- No cortarse el cabello. Se usaba una misma palabra "nezer" para indicar tres cosas: el pelo largo no cortado que exigía el voto del nazareo; la diadema del sumosacerdote y el aceite de la unción, siendo todos ellos símbolos externos que se pedían al sumosacerdote y al nazareo.

6.- Cristo es el Santo.
Por el hecho de la encarnación, todo lo que era Jehová para su pueblo en el Antiguo Testamento viene a concretarse y manifestarse en el Hijo. Es casi imposible traducir bien las palabras del Angel Gabriel a María al anunciar el nacimiento del Señor, pero es evidente que se destaca el concepto de santidad: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual lo santo (el Santo Ser) que ha de nacer será llamado Hijo de Dios" (Lc 1:35).
La más alta revelación de la santidad de Dios nos ha sido dada en Jesucristo a quien se llama "el Santo y el Justo" (Hc 3:14).
En (Hb 7:26) se afirma: "Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos".
Ver también (Mc 1:24)(Lc 4:34) (Hc 2:27; 13:35) (Jn 6:69) (Hc 4:27,30).
Pero en él la santidad consistió en algo más que mera impecabilidad; consistió en una total consagración a la voluntad y el propósito de Dios.

7.- El Espíritu Santo.
Es un hecho sorprendente, que la santidad con mucha más frecuencia se atribuye a Dios en el Antiguo Testamento que en el Nuevo, aunque también en el Nuevo hay referencias a esto: (Jn 17:11) (1 Pd 1:16) (Ap 4:8; 6:10). Esto probablemente se deba a que en el Nuevo Testamento el término se asigna más particularmente para calificar a la tercera Persona de la Santísima Trinidad, como quien tiene la especial tarea, en la administración de la redención, de comunicar santidad a su pueblo. Así pues, mientras que Cristo encarna la santidad, el Espíritu Santo la produce en las vidas de quienes le permiten obrar.
Las referencias al Espíritu Santo en el Antiguo Testamento son escasas: (Sal 51:11) (Is 63:10,11). En cambio en el Nuevo Testamento aparece noventa y una vez.

8.- La santidad de Dios en sus obras.
- La santidad de Dios se manifiesta en sus obras. Nada que no sea excelente puede proceder de él. La santidad es la regla de todas sus acciones.
- En el principio declaró todo lo que había hecho "bueno en gran manera" (Gn 1:31), lo cual no podría haber hecho si hubiera habido algo imperfecto o impuro.
- Al hombre lo hizo "recto" (Ec 7:29), a imagen y semejanza de su Creador.
- Los ángeles que cayeron fueron creados santos, ya que, según leemos, "no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada" (Jud 6).
- De Satanás está escrito: "perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad" (Ez 28:12-19).
- La santidad de Dios se manifiesta en su ley. Esa ley prohibe el pecado en todas sus variantes: en las formas más refinadas así como en las más groseras, la intención de la mente como la contaminación del cuerpo, el deseo secreto como el acto abierto. Por ello leemos: "la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Rm 7:12); "Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos" (Sal 19:8); "el santo mandamiento que les fue dado" (2 Pd 2:21).
Aquella ley en todos sus aspectos estuvo calculada para imprimir sobre Israel la idea de la santidad de Dios y para despertar en el pueblo la necesidad de llevar una vida santa. El gran rabino Hertz hacía notar que el Levítico, se divide en dos partes, de acuerdo con dos conceptos clave: sacrificio y santidad, y añadía que era el primer libro de la Ley que se enseñaba a los niños hebreos para que comenzasen a habituarse a las cosas puras.
- También a través de sus pactos (Dan 11:30) (Lc 1:72).
- La santidad de Dios se manifiesta en la Cruz. La expiación pone de manifiesto de la manera más admirable, y a la vez solemne, la santidad infinita de Dios y su odio al pecado. Vemos incluso esto mismo en los momentos más críticos: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel" (Sal 22:1-3).
- La santidad de Dios también está revelada en la Iglesia, como "un santo templo en el Señor" (Ef 2:21).
- También en el creyente individual: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es" (1 Cor 3:16-17).
- En el "santo llamamiento" que hace a los pecadores (2 Tim 1:9) (1 Pd 1:15).
- La santidad de Dios se manifiesta en el odio que tiene al pecado. (Pv 3:32) "Jehová abomina al perverso"; (Pv 15:26) "Abominación son a Jehová los pensamientos del malo"; (Sal 5:5) "Aborreces a todos los que hacen iniquidad";(Sal 7:11) "Dios está airado contra el impío todos los días".

9.- Dios está separado del pecado pero cercano al pecador.
Aunque él es infinitamente santo, Dios no obstante mantiene una relación con las criaturas que cayeron en pecado; él no permanece indiferente separado de sus criaturas sino que está vitalmente cerca de ellas (Is 57:15) "Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y en la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados".

10.- La santificación de personas y de objetos en el Antiguo Testamento.
Resulta claro que en las Escrituras, santidad significa separación, y se emplea no sólo con referencia a personas sino también a cosas. "Santificar" en este sentido coincide con "consagración".
Todo lo apartado para Dios llega también a ser santo.
Así tenemos la mención de "tierra santa" (Ex 3:5) (Ez 45:1) (Zac 2:12), "santa convocación" (Ex 12:16), "nación santa" (Ex 19:6) (1 Pd 2:9), "santo día de reposo" (Ex 16:23), "gente santa" (Ex 19:6), "lugar santo" (Ex 29:31), "altar santísimo" (Ex 29:37), "lugar santo y santísimo" (Ex 26:33), "Santa unción" (Ex 30:25), "túnica santa" (Lv 16:4), "agua santa" (Nm 5:17), "linaje santo" (Esd 9:2), "sacerdocio santo" (1 Pd 2:5), "simiente santa" (Is 6:13), "ciudad santa" "santa Jerusalén" (Neh 11:1,18) (Is 48:2) (Is 52:1) (Dan 9:24) (Joe 3:17) (Mt 4:5) (Mt 27:53) (Ap 21:2,10) (Ap 22:19), "guerra santa" (VA)(Jer 6:4) (Joe 3:9), "carnes santificadas" (Jer 11:15), "beso santo" (Rom 16:16) (1 Cor 16:20) (2 Cor 13:12) (1 Ts 5:26), "santos ángeles" (Mc 8:38) (Ap 14:10) (Hc 10:22), "santos profetas" (Lc 1:70) (Hc 3:21) (Ef 3:5) (2 Pd 3:2), "santos apóstoles" (Ef 3:5).
Igualmente todo lo que pertenece a Dios es santo: "santo brazo" (Sal 98:1), "santa palabra" (Sal 105:42), "santo templo" (Sal 11:4) (Sal 65:4) (Sal 79:1) (Sal 138:2) (Hab 2:20) (Jon 2:4,7) (Miq 1:2), "Santo nombre" (Lv 20:3) (Lv 22:2,32) (1 Cro 16:10,35) (1 Cro 29:16) (Sal 33:21) (Sal 103:1) (Sal 106:47) (Sal 111:9) (Sal 145:21) (Ez 20:39) (Ez 36:20,21,22) (Ez 39:7,25) (Ez 43:7,8) (Am 2:7) (Lc 1:49), "santo trono" (Sal 47:8), "santo cielo" (Sal 20:6), "santa morada" (Ex 15:13) (Dt 26:15) (2 Cro 30:27) (Sal 68:5) (Jer 25:30) (Zac 2:13).
En estos casos y en otros similares el término no entraña directamente atributos éticos, sino principalmente consagración al Señor y a su servicio, y en consecuencia apartamiento de la esfera común. Aunque también es cierto, que los pasajes señalados enfatizan la solemnidad de este servicio que se prestaba a Dios, en una esfera "separada" de todo lo mundano.

11.- Los santos del Nuevo Testamento.
(1 Cor 1:2) "A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos lo que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro".
En el Nuevo Testamento la designación apostólica para los cristianos es la de santos (hagioi), y esta designación continuó usándose en sentido general por lo menos hasta los días de Ireneo y Tertuliano, aunque posteriormente degeneró en el uso eclesiástico hasta convertirse en título honorífico. Aunque su sentido primario era relacional, también servía para describir el carácter, y más especialmente el carácter semejante al de Cristo. En el Nuevo Testamento se hace hincapié en la naturaleza ética de la santidad en contraste con toda suerte de impureza. Se la representa como la suprema vocación cristiana y como meta de su existencia.
Referencias a los santos en el Nuevo Testamento: (Hc 9:13,32,41) (Hc 26:10) (Rm 1:7) (Rom 8:27) (Rom 12:13) (Rom 15:25,26,31) (Rom 1:2,15) (1 Cor 1:2) (1 Cor 6:1,2) (1 Cor 14:33) (1 Cor 16:1,15) (2 Cor 1:1) 2 Cor 8:4) (2 Cor 9:1,12) (2 Cor 13:13) (Ef 1:1,4,15,18) (Ef 2:19) (Ef 3:8,18) (Ef 4:12) (Ef 5:3) (Ef 6:18) (Fil 1:1) (Fil 4:21,22) (Col 1:2,4,12,22,26) (Col 3:12) (2 Ts 1:10) (1 Tim 5:10) (Flm 1:5,7) (Hb 3:1) (Hb 6:10) (Hb 13:24) (Jud 3) (Ap 5:8) (Ap 8:3,4) (Ap 13:7,10) (Ap 14:12) (Ap 16:6) (Ap 17:6) (Ap 18:20,24) (Ap 19:8) (Ap 20:9) (1 Pd 3:5).

12.- Santificación Vicaria.
(1 Cor 7:14) "Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos".
En realidad, la presencia de una persona creyente en un hogar no cristiano tiene una influencia santificadora. Aquí esto no significa que el marido o la mujer incrédula sea salvo por su cónyuge creyente, más bien, significa que es puesto aparte en una posición de privilegio externo. Es afortunado al tener un cónyuge que ora por él. Su vida y testimonio serán una influencia de Dios en ese hogar. Y recibe una influencia espiritual que le dará la posibilidad de una verdadera conversión. Incluso los hijos también son colocados en un lugar de privilegio porque tienen al menos un progenitor que ama al Señor, les explica el Evangelio, está habitado por el Espíritu Santo.

13.- ¿Por qué calla Dios ante la injusticia?
(Hab 1:2-4) "Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío aseda al justo, por eso sale torcida la justicia".
¿Por qué no castiga Dios de una vez los pecados del que se dice su pueblo? ¿Cómo puede soportarlos el Señor del universo si al mismo Habacuc se le hacen intolerables? El profeta se siente perplejo. Los caminos de Dios no sólo se le presentan misteriosos e inescrutables sino extraños y sorprendentes, y estaba sorprendido por el silencio de Dios.
¿Qué pasaba en Judá mientras Habacuc aguardaba la respuesta de Dios? Pues que la injusticia y la crueldad dominaban la vida pública y privada. Pero Dios no intervenía; al menos con la rapidez que Habacuc hubiera deseado. "¿Hasta cuándo Señor?".
Y en ocasiones, la impaciencia de la fe puede conducir a esta errónea perspectiva que imagina a Dios inactivo y ausente de nuestra problemática. Esta pasividad divina es sólo aparente. Lo que ocurre es que el tiempo de Dios no siempre sintoniza con el nuestro. A nosotros, por otra parte, nos falta perspectiva adecuada, amplia y clara.
Y finalmente Dios respondió, aunque de una manera muy distinta de como el profeta esperaba:
(Hab 1:5-11) "MIrad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas..."
En su soberanía, el Señor Omnipotente puede utilizar incluso estos instrumentos indignos para llevar a cabo sus planes.
Así que el profeta va de sorpresa en sorpresa. Si su primera pregunta delataba una fuerte perplejidad, ahora, al tener respuesta de Dios, esta perplejidad aumenta al máximo y provoca una segunda cuestión:
(Hab 1:13) "Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿Por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él...?".
¿Cómo puede Dios, santo, puro e inmaculado, servirse de los caldeos como instrumentos de juicio sobre los judíos? ¿Es que ha olvidado el Señor la idolatría y la crueldad, el sadismo y la tiranía de los caldeos? ¿cómo es posible que Dios, el "Santo mío", que "tiene ojos demasiado puros para ver el mal", escoja a los cadeos, bárbaros impíos cien veces peores que los peores judíos, para ejercer su castigo sobre éstos? Y aún más, ¿Por qué el resto piadoso de la nación tendría que sufrir cuando los impíos fueran castigados? Tal es el nuevo dilema que se le plantea al siervo de Dios.
- Ya hemos comentado que Dios no puede contemplar la iniquidad de una manera complaciente y tolerante, y mucho menos con favor. Dios es demasiado limpio de ojos para contemplar cualquier maldad. Y es debido a que el profeta había tomado como supuesto que Dios es puro por naturaleza que se encontraba con este problema.
Desde luego nos debe quedar claro que Habacub no pone en tela de juicio la bondad divina o su justicia, o la misma existencia de Dios simplemente porque no puede dar respuesta a estas preguntas. En la misma manera de hacer las preguntas, en su vocabulario, y en los móviles profundos de su perplejidad, Habacuc pone de manifiesto su fe en el Dios único revelado a Israel.
- Las respuestas a un planteamiento de fe.
"Para juicio lo pusiste". No hay duda; el juicio por el que tanto clamó está cerca. Y será ejecutado por los caldeos. Independientemente de este instrumento singular de ejecución, el hecho es que se hará justo juicio. Independientemente del carácter del verdugo, la condena de Judá está más que justificada.
Pero Habacuc sigue haciendo nuevos planteamientos a Dios:
Como resultado de la aparente indiferencia de Dios ante la destrucción de los pueblos por el avance caldeo, es evidente que los seres humanos todos aparecen a primera vista como peces atrapados en las redes por los marineros que utilizan toda clase de medios para aumentar la pesca (anzuelo, mallas, red) (Hab 1:15) "Sacará a todos con anzuelo, los recogerá con su red, y los juntará en sus mallas; por lo cual se alegrará y se regocijará".
Y el problema que se plantea es: ¿hasta cuándo prevalecerá la maldad?: (Hab 1:17) "¿Vaciará por eso su red, y no tendrá piedad de aniquilar naciones continuamente?".
La respuesta divina es la siguiente: (Hab 2:4) "He aquí que aquel cuya alma no es recta se enorgullece; mas el justo por la fe vivirá".
Dios no da una respuesta política al problema suscitado por la invasión de Judá por los caldeos, sino una afirmación de un principio eterno para regular la relación de los seres humanos con Dios: La fe. En última instancia, cualquier problema temporal, histórico, debe ser comprendido con los ojos de la fe que abarcan la totalidad de los propósitos de Dios para este mundo y para nuestra humanidad.
En Habacuc, la respuesta divina va dirigida a estimular la esperanza y la confianza de los que son verdaderamente hijos de Dios, en tanto que pasa el azote del poder caldeo.
Y por vía de contraste, el impío ensoberbecido, arrogante, insolente, cuya alma no es recta, se dirige hacia la perdición. La explicación divina, estriba en mostrar que el fin de los caldeos y los judíos impíos, aunque momentáneamente destruyan al más justo que él, es finalmente la perdición (Hab 2:6-8), en contraste con el justo que, por su fe, vivirá.
La respuesta divina no podía ser de otra manera, porque si Dios empezase a castigar a los impíos según las normas de su santidad, ningún ser humano quedaría con vida, y solamente por la fe, la confianza en la gracia de Dios, es que finalmente el hombre pecador puede tener paz con Dios.

14.- Implicaciones prácticas.
- La santidad absoluta e innata de Dios significa que los pecadores tienen que estar separados de él a menos que se pueda encontrar una manera de constituirlos en santos. Y esa manera ha sido provista en los méritos del Señor Jesucristo. "¿Quién podrá estar delante de Jehová, el Dios Santo?"(1 Sam 6:20) (Sal 15:1).
Una ilustración de este hecho la encontramos ya en el simbolismo del tabernáculo. Este nos presenta una clara lección sobre la santidad de Dios y la pecaminosidad del hombre, a la vez que muestra la única manera en que el conflicto puede ser resuelto: el sacrificio del Señor Jesucristo.
- Una perspectiva correcta de la santidad de Dios debiera producir en el creyente conciencia de su propio pecado (Is 6:3,5) (Lc 5:8).
- La hermosura de su carácter nos debe llevar a rendirnos a él por completo: (Sal 110:3) "Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad".
- (Lv 11:44) (Lv 19:2) (1 Pd 1:15-16) "Seréis santos, porque yo soy santo". Esto constituye la base de nuestra obligación de santificarnos, así como la garantía de nuestra capacidad para alcanzar la santidad de vida. La santidad es la misma esencia del Ser Divino; y al soplar su Espíritu Santo dentro de nosotros, nos ha hecho participantes de Su naturaleza Divina (2 Pd 1:4) y nos ha investido del poder de alcanzar la santidad: "Porque Yo soy santo, vosotros debéis ser santos" (y podéis ser santos).
El hombre está no sólo para dar culto a Dios, sino también para imitarle. Debe mostrar por sus obras lo divino que lleva injertado, y manifestar, por la pureza y rectitud de su conducta, que es de Dios. El hombre mortal no puede imitar la infinita majestad de Dios, o su eternidad, ni su omnisciencia, pero puede aspirar a una pureza típicamente divina, manteniéndose apartado de todo cuanto pueda ensuciarle y contaminarle. Esta imitación de Dios es el más elevado ideal humano.
La santidad de Dios constituye por tanto, la norma para la vida y conducta del creyente (1 Jn 1:7). Esto debe de ponerle fin a todas las discusiones, muchas veces insensatas, sobre lo que es y lo que no es permitido en la vida cristiana. La conducta propia puede ser aprobada con la siguiente pregunta: ¿es santa?. Esta debe ser la norma para el creyente.
- La santidad debe caracterizar todas las facetas de nuestra vida. Un claro ejemplo de esto lo provee el libro de Levítico. Allí Dios trata no sólo el aspecto religioso (cap. 1-10; 21-22), sino también el aspecto social, moral y hasta físico (cap. 11-15; 18-20). Porque no debe existir ninguna dicotomía entre nuestra "vida espiritual" y "social".
- Los profetas estaban alertas a los peligros de una santificación puramente externa, y por ello exhortaban al pueblo a reverenciar a Dios; incluso llegaban a menospreciar las observancias externas "santas" cuando no iban acompañadas de santidad práctica (Is 1:4,11; 29:13). Los hijos de Israel se estaban desviando de la santidad de Dios debido a su vida impía entre las naciones.
- ¿Cómo ser más santos? Es una obra de Dios en el hombre redimido:
(1 Ts 5:23) "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo".
(Ef 5:25-26) "Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla".
(Hb 13:12) "Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta".
(Rm 15:15-16) "Pero os he escrito, hermanos, por la gracia que de Dios me es dada para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo".
(Jn 17:17) "Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad".
- Cuando Jehová declara por medio de Isaías: "Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio y el Dios Santo será santificado con justicia" (Is 5:16), no indica que el hombre sea capaz de añadir algo a su santidad y a sus juicios, sino que "santifica" a Dios por reconocer lo que él es, dándole la gloria que corresponde a la visión que ha recibido. Así cuando dice: (Is 8:13) "A Jehová de los ejércitos, a él santificad", invita a que su santidad sea reconocida a través de la actitud de su pueblo y de su relación con él.
Cuando Pedro exhorta: "Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones" (1 Pd 3:15), quiere decir que los creyentes, testificando en medio de circunstancias adversas, han de "consagrar su corazón" como un santuario donde Cristo ocupará el trono, según los derechos de su Personalidad y de su autoridad.
La oración básica que enseñó el Maestro, "Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre" (Mt 6:9), requiere que el hijo se preocupe en primer término por comprender y manifestar la naturaleza de su Padre como Santo, cuyo nombre expresa todo lo que es excelente.
- Una advertencia en cuanto a cómo santificamos al Señor. A través del caso de Nadab y Abiú descrito en Levítico 10, podemos percibir que "Dios va a ser santificado en los que se acercan a él", bien sea por una actitud de obediencia y reconocimiento voluntaria de su santidad o por una manifestación de sus juicios. Puesto que los hijos de Aarón por medio de una ofrenda impropia de los sacrificios estaban robando la gloria de Dios, y Dios estaba dispuesto a mantenerla, finalmente ejecutó sus juicios sobre ellos.

https://www.iglesiabautista.net/content/view/118/122/


 :buenas: :buenas: :buenas:
Heb 7:25  por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios,  viviendo siempre para interceder por ellos.

Desconectado ymabel

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Re: La Santidad de Dios
« Respuesta #1 en: Viernes 11 de Jun, 2010, 16:41:41 pm »
Gracias :sant: :sant: :sant:, muy buenos puntos  :apla: :apla: :apla: :apla:
Paso a Paso, feliz avanzando a Su meta

Desconectado I.A. Joe

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Re: La Santidad de Dios
« Respuesta #2 en: Viernes 11 de Jun, 2010, 18:27:17 pm »
muy extenso estudio... gracias por compartir.
Rev 1:8  Yo soy el Alfa y la Omega,  principio y fin,  dice el Señor,  el que es y que era y que ha de venir,  el Todopoderoso.
JESUCRISTO VIVE... AMEN!

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Desconectado nolly.1957

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Re: La Santidad de Dios
« Respuesta #3 en: Martes 22 de Jun, 2010, 20:39:20 pm »
gracias"ajgj1959 " buenisimo  :apla: :apla:


ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

               y


beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeendiciones  :Angel:

Desconectado ajgj1959

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Re: La Santidad de Dios
« Respuesta #4 en: Miércoles 23 de Jun, 2010, 23:47:26 pm »
Dios te bendiga mi hermano nolly.1957.
Me da mucho gozo que sea de bendición para tu vida.    :buenas: :buenas: :buenas:
Heb 7:25  por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios,  viviendo siempre para interceder por ellos.