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Autor Tema: Alfonso Ropero: "Jesús curó al amante homosexual del centurion"  (Leído 163 veces)

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Alfonso Ropero: "Jesús curó al amante homosexual del centurion"
« en: Sábado 14 de Abr, 2018, 13:26:18 pm »
Desde hace tiempo el tema de la homosexualidad he estado en boca de todos, principalmente por el tema de la inclusión y la no-discriminación. Tanto que incluso ha llegado a los medio academicos cristianos. Hace varios meses se denuncio que el Gran Diccionario Enciclopedico de la Biblia, obra que contiene gran cantidad de material academico biblico, tenía una tendencia de tolerancia al homosexualismo. Yo en lo personal, no tengo problema con este tipo de personas, pero si me choca un poco que una obra de tanto alcance y prestigio tenga esos matices. Aunque igual, desconozco si es un tema difundido en obras de este tipo.

Deja tu comentario sobre este tema, aquí abajo te dejo el link de la noticia

https://protestantedigital.com/magacin/43538/Alfonso_Ropero_Jesus_curo_al_amante_homosexual_del_centurion


Edit: Dejo el articulo del citado diccionario sobre el homosexualismo



HOMOSEXUALIDAD

Del gr. homos, ὅμος, «igual», y del latín sexus «sexo». Orientación sexual hacia personas del mismo género. Traducción de distintas expresiones hebreas y griegas, de significados muy variados.

    1.      Homosexualidad en el AT.
    2.      Homosexualidad «sagrada» en el AT.
    3.      Homosexualidad en Grecia y Roma.
    4.      Homosexualidad en el NT.
         4.1.      Vocabulario.
         4.2.      Jesús.
         4.3.      Pablo.

I. HOMOSEXUALIDAD EN ELAT. La homosexualidad se ha dado siempre y en todo lugar. En la antigüedad estaba muy extendida. En Egipto, Babilonia y sobre todo en el mundo helénico, era un fenómeno cotidiano. En tiempos de guerra se solían realizar actos homosexuales con los vencidos en el combate, a manera de burla y escarnio, por lo cual se consideraba denigrante esta práctica para los varones que habían de sufrirla pasivamente.
Las palabras más comunes utilizadas por algunas traducciones son > «sodomía» y «sodomita», que hacen referencia al pecado de los habitantes de Sodoma y Gomorra, y que resultan inapropiadas cuando tratan de describir la conducta homosexual individual, ya que el pecado de Sodoma y Gomorra comportaba una violación colectiva por parte de varones ostensiblemente heterosexuales que lo que querían era humillar a los extranjeros tratándolos «como mujeres», despojándolos de su masculinidad (cf. Gn. 13:10–13; 18:16–33; 19:1–29). La historia de Sodoma se inserta en el contexto del relato de la hospitalidad de Abraham al hospedar a tres ángeles (Gn. 18:1–8), con lo que la actitud de los sodomitas aparece en claro contraste con el buen comportamiento del patriarca. El NT nunca alude a Sodoma cuando reprueba las prácticas homosexuales. Cuando Jesús hace referencia al pecado y castigo de Sodoma, lo hace en relación con la falta de hospitalidad que pueden encontrar sus discípulos (Lc. 10:5–12).
En línea muy parecida a la historia de Sodoma se encuentra el relato del levita, «que moraba como forastero en la parte más remota del monte de Efraín» (Jue. 20:1). Él y su concubina se detienen a pasar una noche en la ciudad de > Gabaa de Benjamín (14–15). Nadie les ofreció hospitalidad, excepto un anciano residente extranjero (como Lot), que les acoge en su casa (16–21). Una vez allí, una multitud de hombres de la ciudad se agolpan en la puerta pidiendo que salgan los extranjeros para «conocerlos». El anciano, obligado por las leyes de la hospitalidad, les ofrece a su hija virgen a cambio de respetar a sus invitados. El levita ofrece a su concubina (22–24). Los paralelismos son bastante significativos. En ambos relatos se quiere violar al huésped, se «ofrecen» dos mujeres, y los hombres de la ciudad rechazan la oferta. Si las intenciones de los hombres de Gabaa hubiesen de interpretarse como intento de violación homosexual, el anfitrión y el levita podían haber «ofrecido» el criado de este último (vv. 3, 11, 12, 19) para satisfacer las intenciones supuestas de los atacantes.
El relato se explica mejor a la luz de las antiguas costumbres socio-culturales del entorno. Forzar sexualmente a los varones tratándolos como mujeres era una práctica abusiva común que habitualmente se ejercía sobre los vencidos en las guerras, una forma aberrante de humillación. Humillación, en el caso del levita, que da lugar a una serie de venganzas y violencias que llenan la parte final del libro de los Jueces, y que se saldan con el exterminio casi total de la tribu de Benjamín (caps. 20–21). Por otra parte, no cabe duda de que la violación y el asalto sexual no es lo mismo que la relación sexual consentida entre dos personas, sean estas homo o heterosexuales. «El fundamento de cualquier violación es el odio, no la preferencia o inclinación sexual. Por eso es que muchas veces la violación homosexual es efectuada por heterosexuales» (M. Bal, Death and Dissymmetry, Politics of Coherence in the Book of Judges, 158–159. University of Chicago Press 1988).
Las leyes de Israel condenan severamente la práctica homosexual. En el Levítico se usa la expresión «acostarse con varón como se acuesta con mujer» (Lv. 18:22; 20:13), que la LXX traduce ársenos koíten gynaikós (ἄρσενος κοίτην γυναικός, Lv. 20:13), acto que es considerado una «abominación», cuyo castigo es la muerte de los implicados. Esto muestra que la práctica homosexual es equiparada por la ley a un crimen capital, aunque es preciso tener en cuenta el contexto de la ley de Lv. 18–20 donde la condena de la homosexualidad va acompañada de más de una docena de conductas prohibidas y que, por tanto, su prohibición no es más grave que otras prohibiciones. Además, la ley levítica no se refiere a la orientación sexual permanente, sino a los actos homosexuales practicados por heterosexuales.
Dt. 23:17–18, posiblemente se refiere a la prostitución de heterosexuales involucrados en ritos cananeos de fertilidad, que se habían infiltrado en el culto judío; la versión RV 1960 y 77, inexactamente, los califica de «sodomitas», cuando se trata de lo que los griegos llamaban > hieródulos, personas consagradas a la prostitución ritual.

II. HOMOSEXUALIDAD «SAGRADA». El empleo de la homosexualidad con fines cúlticos es una cuestión suscitada por la traducción de RV60 en Dt. 23:17 y los pasajes relacionados con ella. En este versículo, así como en 1 R. 15:12, 14:24 y 22:46, RV60 traduce la palabra hebrea qadesh, קָדֶשׁ, por sodomita: «No haya ramera entre las hijas de Israel ni haya sodomita de entre los hijos de Israel». La palabra hebrea qadesh, קָדֶשׁ, fem. qadeshah, קָדְשָׁה, significa simplemente «consagrado» y «consagrada», respectivamente. Está claro, a partir de la terminología, que no se trata de la prostitución ni la homosexualidad en general, sino un determinado uso específico del sexo con fines cúlticos. Los griegos, como queda dicho, daban el nombre de > hieródulos a las personas consagradas a la prostitución religiosa. Las traducciones más recientes de la Biblia, incluyendo la de Nácar-Colunga, vierten estas palabras en términos similares a «prostitución idolátrica», tanto para varones como para mujeres; «hieródulo» y «consagrados a la prostitución» en la BJ.
El tema de todos estos pasajes es la prostitución cúltica, tal como era conocida y practicada entre algunos de los vecinos de Israel, particularmente los cananeos, con los cuales los hebreos convivieron durante siglos. Era una parte integral de la expresión religiosa de los cananeos, básicamente centrada en la fertilidad e interesada casi exclusivamente en el proceso productivo de la agricultura, el matrimonio y la existencia humana. En el sistema de creencias cananeas, la actividad sexual con y por prostitutas cúlticas era un medio a través del cual el celebrante actuaba en nombre de los dioses mismos con la finalidad de regenerar la vida en cada una de sus esferas. Estos funcionarios sacros representaban a los dioses y a las diosas correspondientes, que disfrutaban del sexo como medio de propagación de la vida sobre la faz de la tierra. Tal sistema fue rechazado de plano por el pueblo de Israel, en primer lugar, a causa de su comprensión de Dios. El Señor de Israel no tenía pareja celestial, ni estaba identificado con ninguno de los aspectos de la naturaleza, por lo cual no tenía necesidad de actividad sexual en la celebración del pueblo. El sexo para Israel era un don gratuito de Dios, quien no lo experimentaba en sí, y tenía como propósito tanto el placer como la procreación, pero no era una actividad cúltica. Los textos donde se habla de los «prostitutos sagrados» (Dt. 23:17; 1 R. 14:24; 15:12; 22:46; Job 36:14) condenan la sacralización pagana de la prostitución varonil ejercida en orgías cultuales, en las que el sexo anal ejercía un papel importante.
Por lo tanto, la prohibición de Dt. 23:17 y el juicio contra los «consagrados» y las «consagradas», no tiene nada que ver con la sodomía/homosexualidad, como traduce RV60. En realidad, la práctica religiosa en relación con la fertilidad de la antigua Canaán, era una actividad heterosexual conducente a la concepción, más que puramente homosexual en el sentido que se da hoy a este término. Lo que sin duda condenan estos en primer es lugar la sacralización pagana de la prostitución —femenina y masculina— que tenía lugar en los recintos sagrados durante los cultos orgiásticos (Dt. 23:18–19; 1 R. 14:24; Job 36:14).

III. HOMOSEXUALIDAD EN GRECIA Y ROMA. El lugar del homosexual en la sociedad y la percepción de la homosexualidad cambian muchísimo según las culturas y las épocas. En la Grecia antigua, por ejemplo, fue considerado normal que un muchacho (entre el inicio de la pubertad y el crecimiento de la barba) fuera el amante de un hombre mayor, el cual se ocupaba de su educación política, social, científica y moral. Pero se consideraba más extraño que dos hombres adultos mantuviesen una relación amorosa (aunque se dieron casos célebres, como la relación mítica entre Aquiles y Patroclo, las parejas de soldados tebanos y la amistad íntima entre Alejandro Magno y Hefestión). La situación de la mujer, al contrario de lo que podría pensarse, era muy diferente, y los actos de homoerotismo femeninos no estaban bien vistos. La máxima griega era, a este respecto, que la mujer era para la reproducción, pero el hombre para el placer. Se reconocía que era necesario preservar la estirpe, la especie, pero que solamente se podía encontrar placer en la relación íntima con otro hombre.
En la antigua Roma, que tenía un sistema similar, era normal que un hombre libre penetrara a un esclavo o a un joven, mientras que lo contrario era considerado una desgracia. De Julio César, el gran genio militar creador del Imperio, se decía que era vir omnis mulieris et mulier omnium virorum, esto es, «el hombre de toda mujer y la mujer de todos los hombres». Y aunque se le acusaba de haber perdido la virginidad con un rey (aludiendo a su estancia en Asia Menor como huésped de Nicomedes, monarca de Bitinia), ello no fue motivo de menoscabo para él. Marco Antonio y Octavio (después conocido como Augusto César), tenían amantes masculinos.
Según Séneca, los esclavos eran obligados a veces a desempeñar el papel pasivo en el sexo entre varones. Muchos niños eran explotados sexualmente por hombres mayores. Todo esto, como es lógico, escandalizaba al mundo judío. Filón de Alejandría condena la actividad homoerótica clasificándola entre la bestialidad (Leyes especiales 3, 37–42).

IV. HOMOSEXUALIDAD EN EL NT
1. Vocabulario. El término gr. arsenokoítes, ἀρσενοκοίτης, pl. arsenokoítai, ἀρσενοκοίται; de koíte, κοίτη, «cama», y arsen, ἄρσην, «varón», es el generalmente traducido como «homosexuales» (BLA, ESV, ASB, DHH, BJ, NVI); «homosexuales» en 1 Cor. 6:9 (RV77), «sodomitas» en 1 Tim. 1:10 (RV77) e «invertidos» (BP). Aunque es un término extraño cuyo significado preciso ha sido disputado por mucho tiempo, es obvio que se forma de dos palabras simples y comunes: varón/cama. A veces la raíz koítes puede indicar actividad sexual, como en dulokoítes, «el que se acuesta con esclavos», en cuyo caso sería algo así como «los que se acuestan con varones», homosexuales, «Sin embargo, arsenokoítai con toda probabilidad designa aquí directamente a los concubinos o prostitutos, tal vez en relación con los cultos paganos de Corinto» (A. Awi).
Había otros términos ya consagrados: palakós, kinaidos, etc., para designar en griego a los homosexuales. 1 Ti. 1:10 usa el neologismo arsenokoítais, traducido como «sodomitas» (RV77), «homosexuales» (RV60, BLA), «pervertidos» (NIV), como alternativa a hierodulós, el que se vestía y se maquillaba como una mujer para ejercer su oficio, término que el Apóstol no quiso emplear, por negarse a aceptar que había algo de «sagrado» (hierós) en lo que hacían.
2. Jesús. Llama la atención la ausencia de cualquier referencia a las actividades homoeróticas en los Evangelios, a pesar de que las claras condenaciones a estas prácticas en la literatura rabínica hacen suponer que eran prácticas conocidas. Jesús asumió, practicó y confirmó muchas de las enseñanzas de la tradición judía en la cual fue educado. Por otro lado, demostró mucha libertad frente a las costumbres de su pueblo, distanciándose de todo tipo de discriminación social y asumiendo con firme delicadeza la defensa de los marginados de su tiempo, como ilustran las historias de la mujer adúltera (Jn. 8:1–11) y de la mujer de mala reputación (Lc. 7:36–50), cuyos delitos entraban de lleno en el campo del sexo. Sin embargo, Jesús no se refirió a las prácticas homoeróticas. Aunque enseñó sobre varios asuntos de orden sexual, como el > matrimonio, el > adulterio, el > celibato y el > divorcio, siempre de forma realista y a veces innovadora, hasta revolucionaria, no dijo ni una palabra sobre la homosexualidad.
A pesar de esto, el relato sobre la curación del siervo del centurión ha dado que pensar en relación con este tema (Mt. 8:5–13; Lc. 7:1–10). La palabra original usada para el sirviente es paîs, παῖς, que en griego puede tener tres sentidos: siervo, hijo y amante (casi siempre joven), y puede resultar escandalosa. El texto paralelo de Lc. 7:2 presenta a ese paîs como dulos, δοῦλος, es decir, un criado al servicio del centurión, pero señala que le era «muy querido», en el original gr. éntimos, ἔντιμος, término emparentado con nuestro adjetivo «íntimo», y que tenía unas connotaciones amorosas de que carece el vocablo agapetós, ἀγαπητός, que se suele traducir por «amado». Sin embargo, todo el episodio de la sanación de este siervo, no tiene otro propósito que resaltar la fe en Jesús del centurión romano, que es el punto central de la narración: El centurión tiene una fe que Jesús no ha encontrado «ni aún en Israel» (Mt. 8:10), lo que para Mateo es un indicio de los gentiles viniendo de todos los puntos cardinales e incorporándose a la mesa del reinado de Dios, al mismo tiempo que los “hijos del reino” siendo echados fuera (Mt. 8:11–12).
Otro argumento, es la actitud de Jesús acerca de los > eunucos y su enseñanza al respecto: «Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos así por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron por causa del Reino de los Cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba» (Mt 19:10–12). Los «nacidos eunucos» serían aquellos cuya orientación sexual viene dada con su nacimiento, en contraposición a aquellos que por su condición esclavos fueron castrados para que no tener descendencia. Jesús trae a colación el caso de los eunucos en el contexto de su discurso sobre el matrimonio y el > divorcio, permitido por la ley de Moisés (Dt. 24:1). Al rectificar esta ley y advertir que el divorciado que se casa con otra mujer comete adulterio (cf. Mt. 5:31–32; Mc. 10, Lc. 16:18; 1 Cor. 7:10–11), todos, incluso sus discípulos, reaccionaron sorprendidos. Entonces es cuando les dice que no casarse —algo impensable para un judío varón— puede ser una opción por el Reino de los Cielos, elevando la condición virginal o célibe a una opción virtuosa (cf. también 1 Cor. 7:26). En medio de una sociedad degradada sexualmente, el cristianismo defendió desde el principio el valor de la castidad y de la pureza en todo lo concerniente al sexo.
3. Pablo. Tres son los textos comunes citados en los que Pablo se refiere al sexo entre varones: Ro. 1:27; 1 Cor. 6:9; 1 Ti. 1:10.
En Romanos 1 Pablo hace un juicio global de la sociedad grecorromana viciada por la > idolatría, que resulta ser la verdadera causa de la depravación sexual por una sencilla operación de cambio. El verbo «cambiar» (metêllaxan) aparece tres veces en el argumento de Pablo. El «cambio», en el orden religioso, de la gloria del Dios invisible por imágenes idolátricas (1:23, 25), se traduce, en el orden moral, en el «cambio» del uso natural de la sexualidad, por el antinatural (para physin, 1:26). Así, la mujeres «cambian» la relación sexual natural y procreativa por la práctica del sexo con otras mujeres; mientras que los varones «cambiaron» el uso naturalprocreativo con la mujer por sexo con otros varones. Estas perversiones son el resultado de la idolatría: al «cambiar» la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, Dios los entrega judicialmente «a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen» (1:28). Ciertamente, la cultura religiosa grecorromana entre la cual se movió el apóstol Pablo, estaba íntimamente relacionada con prácticas sexuales muy perversas, especialmente las relacionadas con el culto a Dionisio y Cibeles. Las personas a las que se refiere el Apóstol, son sin lugar a dudas en su mayoría heterosexuales, que como consecuencia de la idolatría y del desconocimiento del verdadero Dios, que «cambian» las relaciones heterosexuales por relaciones homosexuales (v. 26).
En 1 Cor 6:9–10 de nuevo aparecen asociadas en la mente del Apóstol, la idolatría y la perversión moral: «No erréis; ni los fornicarios [pornoi, πόρνοι], ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados [malakoí, μαλακοί], ni los que se echan con varones [arsenokoítai, ἀρσενοκοίται]…, heredarán el reino de Dios». El término aquí empleado, malakós, μαλακός, es muy controvertido por motivos lingüísticos. Significa lit. blando, suave, que, en principio, no se refiere directamente a la homosexualidad, aunque tampoco la excluye. Los antiguos solían traducirlo por «pedófilo» («pervertidos sexuales» NVI; «homosexuales», Palabra). No hay seguridad sobre su significado, puede referirse al hombre de carácter libertino, de moral laxa; persona suave en sentido moral, es decir, «inmoral», por lo tanto, tampoco necesariamente «afeminada». «Afeminado» en la antigüedad denotaba al varón que pasaba la vida con mujeres en vez de ir a la guerra. De las cuatro veces que malakós aparece en el NT, las otras tres (Mt. 11:8ab; Lc. 7:25) se refieren a la ropa lujosa de los que viven en palacios. Entre otros significados de malakós en la literatura griega aparecen «tierno, tímido, cobarde, perezoso, lujurioso y sensual». Viven con lujos, lo que produce decadencia y degeneración, con todos los apetitos fuera de control. En realidad, hay pocas cosas malas que no se incluyan en el empleo de este término. No significa homosexual, porque hay muchos malakoí que no lo son, pero por otra parte, todos los homosexuales eran malakoí. Por eso, este término en 1 Cor. 6:9 bien puede significar «homosexual», aunque no necesariamente, porque podría tener alguno de los muchos otros significados que le caben.
Los arsenokoítai, ἀρσενοκοίται, en cambio, son lit. aquellos hombres que mantienen relaciones carnales con otros varones. Sin embargo, traducirlo directamente por «homosexuales» es un error, pues designa más bien a los concubinos o prostitutos, tal vez en relación con los cultos paganos de Corinto. Es probable que el término arsenokoítai haya sido tomado de la lectura que hace la LXX de Lv. 20:13, donde aparecen ambas raíces de las formas griegas: hos an koimethê metá ársenos koíten gynaikós, ὅς ἄν κοιμηθῇ μετὰ ἄρσενος κοίτην γυναικός («si uno se acuesta con otro como se hace con mujer»).
En 1 Ti. 1:9–10 se habla de aquellos elementos que atentan contra la Ley, entre otros la tríada pornoi, πόρνοι (fornicarios), arsenokoítai, ἀρσενοκοίται (homosexuales, NIV, Palabra) y andrapodistaí, ἀνδραποδισταί (traficantes de personas). Fornicarios, pornoi, hace referencia a las relaciones sexuales injustas/irresponsables. La mención del término arsenokoítai en este pasaje nos ayuda a precisar el sentido, pues se emplaza entre una referencia a relaciones sexuales injustas e irresponsables (pornoi) y andrapodistaí, que significa «traficantes de esclavos». Varones y mujeres heterosexuales y bisexuales podrían involucrarse en el negocio con esclavos y en la prostitución que 1 Tim. condena como males. Eran muchos los que se enriquecían con la prostitución en general (pornoi) y con la prostitución masculina en particular (arsenokoítai). Según los últimos estudios del término arsenokoítai, parece indicar relaciones sexuales abusivas en el contexto de explotación y opresión, probablemente relacionadas con la compra/robo de muchachos para emplearlos en tales menesteres, tanto en medios profanos como sacros. Quizá se estaría aludiendo aquí a los sacerdotes de los templos donde se practicaba esta abominación, descalificados así como «proxenetas».
En cualquier caso, el cristianismo, desde Jesús a Pablo, en continuidad con la ética sexual del AT, promovió desde el mismísimo principio una ética de pureza sexual muy diferentes de sus vecinos no creyentes, judíos y grecorromanos. La relación espiritual con Dios es un llamado a una vida santa en una comunidad espiritual con valores más altos que los de sociedad entorno (cf. Ef. 5:3). De acuerdo con las enseñanzas de Pablo, la verdadera santidad comienza en la vida interior, y se expresa en todas las áreas de la vida creyente, de modo que la pureza sexual no es un accidente sino el resultado de un carácter que busca la semejanza a Cristo. Véase CELIBATO, EUNUCO, HIERÓDULO, SEXUALIDAD, SODOMITA, VIRGINIDAD.

BIBLIOGRAFÍA: J. Boswell, Christianity, Social Tolerance, and Homosexuality (UCP 1980); R.L. Browley, ed., Biblical Ethics and Homosexuality: Listening to Scripture (WJK 1996); C.H. Cosgrove, Appealing to Scripture in Moral Debate: Five Hermeneutical Rules (Eerdmans 2002); L.W. Countryman, Dirt, Greed, & Sex: Sexual Ethics in the New Testament and Their Implications for Today (Fortress 2007); R.A.J. Gagnon, The Bible and Homosexual Practice: Texts and Hermeneutics (Abingdon 2001); D.A. Helminiak, Lo que la Biblia dice realmente sobre la homosexualidad (Egales, Barcelona 2003); R. Lings, Biblia y homosexualidad (SEBILA 2011); J. McNeill, La Iglesia ante la homosexualidad (Grijalbo, Barcelona 1979); M. Nissinen, Homoeroticism in the Biblical World: A Historical Perspective (Augsburg Fortress 1998); G. Piana, “Homosexualidad y transexualidad”, en NDTM, 852–862; G. Ruiz, “La homosexualidad en la Biblia”, en M. Vidal y otros, Homosexualidad: ciencia y conciencia (ST 1981). R. Scroggs, The New Testament and Homosexuality (Fortress 1983)


Ropero, A. (2013). HOMOSEXUALIDAD. En A. R. Berzosa (Ed.), Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia (2a Edición, pp. 1198–1199). Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE.

Verás, el mundo se divide en dos categorias. Los que tienen el revolver cargado y los que cavan.

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Re:Alfonso Ropero: "Jesús curó al amante homosexual del centurion"
« Respuesta #1 en: Domingo 15 de Abr, 2018, 09:55:50 am »
Me quedo con esta parte......

A pesar de esto, el relato sobre la curación del siervo del centurión ha dado que pensar en relación con este tema (Mt. 8:5–13; Lc. 7:1–10). La palabra original usada para el sirviente es paîs, παῖς, que en griego puede tener tres sentidos: siervo, hijo y amante (casi siempre joven), y puede resultar escandalosa. El texto paralelo de Lc. 7:2 presenta a ese paîs como dulos, δοῦλος, es decir, un criado al servicio del centurión, pero señala que le era «muy querido», en el original gr. éntimos, ἔντιμος, término emparentado con nuestro adjetivo «íntimo», y que tenía unas connotaciones amorosas de que carece el vocablo agapetós, ἀγαπητός, que se suele traducir por «amado». Sin embargo, todo el episodio de la sanación de este siervo, no tiene otro propósito que resaltar la fe en Jesús del centurión romano, que es el punto central de la narración: El centurión tiene una fe que Jesús no ha encontrado «ni aún en Israel» (Mt. 8:10), lo que para Mateo es un indicio de los gentiles viniendo de todos los puntos cardinales e incorporándose a la mesa del reinado de Dios, al mismo tiempo que los “hijos del reino” siendo echados fuera (Mt. 8:11–12).

Quizá este artículo....responda un poco mas...
https://semperreformandaperu.org/2017/12/04/sano-jesus-al-amante-homosexual-del-centurion-por-daniel-caballero/

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Re:Alfonso Ropero: "Jesús curó al amante homosexual del centurion"
« Respuesta #2 en: Martes 17 de Abr, 2018, 00:44:22 am »
Pues a mi me sigue chocando un poco. Siempre pensé que había consenso absoluto sobre este punto en casi todas las iglesias protestantes. Ahora veo que no, pero igual, supongo que solamente es la moda que impera en la actualidad.

Hablando sobre las modas teológicas, ha sido este tema (el homosexualismo), tratado de esta forma en siglos pasados? Digamos siglo XIX o XX?

Verás, el mundo se divide en dos categorias. Los que tienen el revolver cargado y los que cavan.

Tú cavas.