Cuando Wesley recibía en su casa a los jóvenes que habían sido enviados a prueba a predicar, les hacía dos preguntas: – ¿Se ha convertido alguien? ¿Se ha enojado alguien?
Si la respuesta era negativa, les decía que no creía que el Señor les hubiese llamado a predicar el evangelio, y les enviaba a hacer otras cosas. Cuando el Espíritu Santo redarguye de pecado, o la gente se convierte, o se enoja.
—¡Señor, te bendigo porque me permitiste ser un leproso! La enfermera, extrañada, le protestó: —Pero…¿cómo…
