—¡Señor, te bendigo porque me permitiste ser un leproso!
La enfermera, extrañada, le protestó:
—Pero…¿cómo podéis dar gracias a Dios por desgracia tal?
—Porque por ella vine al hospital de la Misión y hallé a mi Salvador, y voy al cielo a vivir con el que tanto nos amó.
Dic. Anécd. Ilust.